"Esto no lo vieron nunca": la señal que entusiasma a los productores ganaderos
Con mejores precios, mayor peso de los animales enviados a faena y nuevas inversiones, la ganadería argentina atraviesa un cambio de ciclo que despierta expectativas entre los productores.
Nacido y criado hasta los cuatro años en Tierra del Fuego, Sebastián Pechar creció rodeado de hermanos (es el menor de siete), primos, caballos, ovejas y vacas. Tuvo la dicha de mantener ese ecosistema, que le encantaba, luego de que la familia se trasladó a vivir a Buenos Aires: las vacaciones de verano se pasaban en los campos de Río Grande y las de invierno, en los de Bahía Blanca. Quizás por eso, ya en el secundario tenía claro que sería ingeniero en Producción Agropecuaria, como el mayor de sus hermanos varones.
En el último año de la carrera quedó seleccionado para una pasantía en un campo del norte de Córdoba, que consistía, resumidamente, en ir cada tres meses a tomar muestras de bosta, llevarlas al laboratorio de la UCA en Buenos Aires para analizarlas con un aparato y determinar la digestibilidad de lo que estaban comiendo los animales, para así mejorar sus dietas. Apenas recibido, en 2003, esa empresa lo contrató como responsable ganadero. Ahí conoció los veranos de hasta 45 °C, que le parecieron más recios que los fríos fueguinos. Team invierno.
Tres años y medio después se mudó a la localidad bonaerense de Gonzales Chaves para trabajar en Goyaike, la agropecuaria de la familia Pérez Companc. Un trabajo que le encantaba, pero que se topó con un momento pésimo para la producción de carne: a partir de 2006 había empezado una política devastadora para la ganadería, con intervenciones de todo tipo, precios máximos, prohibición de exportaciones y demás, que detonó la rentabilidad del negocio, no permitió resistir la sequía de 2008/09 y resultó en la pérdida de un 20 % del rodeo bovino del país.
De la producción a la comunidad ganadera
Tras un breve paso por Mato Grosso, fue a Necochea, donde armó una familia y comenzó a trabajar por su cuenta en distintos campos, como administrador, responsable de producción y asesor. Por algunos de esos trabajos empezó a participar en los CREA (Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola), y eso lo llevó a empujar la fundación del CREA de Tierra del Fuego. A su vez, experimentar las bondades de compartir información lo impulsó, en 2018, a crear un grupo de WhatsApp de ganaderos, primero con conocidos y conocidos de conocidos, que hoy es una comunidad con casi 700 miembros y 11 grupos específicos, que se empeña en mantener sin fines de lucro pese a lo codiciado de su base de datos. Su emprendimiento más reciente es la empresa Biosoil, que creó con un par de amigos para realizar análisis de suelo muy, muy específicos a nivel microbiológico, un proyecto con el que está encantado, aunque sabe que falta tiempo para que esa demanda escale.
Más Producción conversó con este jugador todoterreno del negocio ganadero para conocer su visión del momento que atraviesa la actividad.
-¿Cómo ves la ganadería en este último tiempo? ¿Hay un cambio de ciclo, de la liquidación a la recomposición del rodeo?
-Sí. En mis 23 años de carrera profesional, veo la situación y me parece “un montón”. Pero incluso hay gente que tiene 80 años y nunca vio lo que estamos viviendo hoy. Verdaderamente, es una actividad que siempre estuvo corriéndola desde atrás y hoy está con buenos precios, con muy buenas perspectivas y a largo plazo. Obviamente, en el medio está la política de nuestro país, pero hoy no vemos que pueda poner un palo en la rueda como era antes. No tengo mucha idea de economía, pero lo único que entiendo que puede cambiar de acá a unos meses es el tipo de cambio. Lo que no va a cambiar es el valor de la vaca, el valor de la carne a nivel mundial y el valor de la tierra: eso, para atrás, no va a ir.
-¿Por la escasez de carne y los altos precios que hay a nivel internacional?
-Sí, por toda la demanda de China, de Estados Unidos y del mundo en general; hay toda una generación que va por la proteína animal, y eso tracciona un montón. Lo que dicen varios de los analistas del mercado ganadero con muchos años de carrera es que esto no lo vieron nunca y que se va a mantener por lo menos los próximos 5 años, para no hablar de mucho más.
Más kilos por animal y nuevas inversiones
-¿Este panorama motiva inversiones?
-Sí. Por un lado, obviamente, hay mucha gente que, cuando ve un negocio que mejoró, quiere entrar. Hoy entrar a la ganadería es carísimo, pero hay gente entrando. Por otro lado, el productor ganadero, cuando ve que el negocio está bueno, empieza a retener animales. El tema es que la producción de carne vacuna es muy lenta. Si dejo hoy una ternera de más en el campo para que sea madre, va a tener su primera cría dentro de cuatro años. El proceso es biológicamente tan largo que hace que los resultados se vean dentro de cinco años.
-Encima, en otro período de gobierno… Un cambio que vienen mostrando las estadísticas de faena es que todos los meses es mayor el peso promedio de los animales que se envían al frigorífico y ya está en niveles récord en décadas. ¿Cómo lo ves?
-Sí, es algo muy bueno: hoy las recrías son más largas y son el mejor negocio ganadero. Uno, tranqueras adentro, mide la producción de carne por hectárea, pero pensando el país como fábrica de carne, esto que está ocurriendo es buenísimo.
-¿Cómo incide en concreto esa mayor recría?
-Antes, por ejemplo, cuando salí de la Facultad, se hacía el ternero bolita: se faenaba con 220 a 250 kilos, era un ternerito que salía derecho a un corral y, en equis cantidad de días, estaba para faena para el mercado interno. Hoy, en cambio, es rentable hacer ese animal pesado que requiere la exportación. Entonces, el productor se mete en esa recría más larga, que puede llevar ese ternero de destete, de 180/200 kilos, a 360 kilos, pastoreando. Y después entra en un sistema de engorde a corral que lo va a llevar de 360/380 kilos a 450/460 kilos; incluso, ese novillo pesado puede llevarse hasta 500 o 600 kilos. Entonces, que crezca la recría a nivel país me parece lo mejor que le está pasando a la ganadería argentina.
-¿Y esto está motivando que se invierta en infraestructura en los campos?
-Sí, 100 %; hay confianza para hacerlo. Vos ves que los productores están renovando mangas, alambres, gastando en infraestructura. Creo que hoy, en cuanto al precio relativo de los animales versus las inversiones, estamos en el mejor de los momentos. Comparando kilo de carne con camioneta, con alambrado, con mangas, etc., todo está en una relación favorable que no se tuvo en muchos años. Y verdaderamente es el momento de hacer esas inversiones. Ni que hablar ahora que viene la trazabilidad y necesitás una buena casilla para operar, comprarte el bastón de lectura y todo un montón de cosas.
-Decías que hay gente que quiere entrar al negocio, ¿de acá o del exterior?
-Extranjeros no sé, no tengo ese dato.
-Los que ya son ganaderos, ¿buscan expandirse?
-La gente que ya está quiere crecer. Si es un criador, entonces trata de hacer también recría; si es más recriador o de terminación, trata de estirar todo el proceso para meterle a cada animal la mayor cantidad de kilos posibles, porque hoy los mercados de exportación absorben una mayor parte de la producción nacional de carne. También pasa que el que tenía campo para desarrollar, o tenía un campo ganadero que no usaba porque mandaba la agricultura, ahora se puso a pensar si puede explotar la superficie más ganadera o en integrar la agricultura con la ganadería. Los que hacen cultivos de servicio también se quieren integrar con empresas que ya son ganaderas y necesitan más superficie.
-¿Y los frigoríficos?
-La industria frigorífica hoy tiene muchos feedlots, necesita tenerlos llenos todo el tiempo y la única forma es teniendo cantidad de animales. Si no puede tener esa cantidad en sus campos, lo que hace es capitalizar hacienda en campos de otros productores. Ahí entra en juego gente que estaba casi al 100 % en agricultura: ahora, haciendo un verdeo de invierno entre dos cosechas gruesas, o entre una fina y una siguiente gruesa, puede traer animales a su campo, con un contrato de capitalización, recriarlos y volvérselos a entregar al frigorífico, que ahí los lleva a un feedlot y los termina.
-¿Esto lo estás viendo más que hace unos años?
-Sí, porque antes esa posibilidad estaba, pero no implicaba un ingreso interesante; no era tan rentable como para hacer los gastos de infraestructura que requiere poner a punto un campo ganadero.
-¿Se paga por la calidad?
-Algunos frigoríficos, a ciertos productores que hace muchos años les entregan sus novillos, les pagan algo más por calidad, por animales que fueron bien recriados y están muy bien terminados.
-¿Todo esto que describís se da en la Patagonia también?
-La Patagonia es medio como un mundo aparte. La zona norte, el Valle del Río Negro, Viedma, toda esa zona de chacras con riego, que hacen alfalfa y maíz, tiene una gran demanda de terneros y una producción de carne muy importante, porque tiene esos recursos. Y tiene algún frigorífico que podría llegar a traccionar un poco la exportación. Pero más al sur, en Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, hay frigoríficos vacunos solo para el mercado interno, que probablemente faenan animales ya de 340 kilos en adelante. En Tierra del Fuego, hoy la gran mayoría de las empresas son de ciclo completo, todo a pasto.
-¿Y cómo es ese sistema?
-En Tierra del Fuego, por ejemplo, el ternero que se desteta en abril de 2026, con un promedio de 200 y algo de kilos, se recría durante el invierno. En algunos campos se lo suplementa en julio/agosto; en otros, no. Ya en primavera/verano, ese animal hace como un crecimiento compensatorio y mete muy buena ganancia diaria, hasta más de 1 kilo por día, exclusivamente a pasto. Entonces, para la misma fecha de 2027 —abril o mayo, a más tardar—, ya es un novillo gordo, con un grado de terminación a pasto natural de 360/380 kilos en promedio; obviamente, hay alguno de 420 kilos. Y así salen a faena, para el mercado interno, a los frigoríficos de Río Gallegos o a los mataderos de Ushuaia y Río Grande. Es bastante impresionante lo que se logra de ganancias diarias exclusivamente a pasto en la isla. Todo pasto natural.
-¿Está creciendo el stock bovino en la Patagonia?
-Los datos de stock son un tema en la Patagonia: al no tener que vacunar contra la aftosa, se basan en una declaración jurada que hace el productor en el SENASA.
-En 2018 armaste un grupo de WhatsApp para contactar ganaderos y hoy debe ser el más importante del país, con cerca de 700 personas. ¿Cómo fue eso?
-Me habían incluido en un grupo de Producción, pero era muy agrícola: podían estar toda la tarde hablando de cómo matar la rama negra y, cuando alguien decía algo de vacas, éramos tres los que nos enganchábamos y listo, nos tapaban de nuevo con glifosato. Entonces les pregunté a los otros dos si tenían algún grupo de ganadería y, como no, dije: “Bueno, entonces voy a armar uno”. Fui llamando a algunos a ver si les gustaba la idea y sumando a conocidos que recomendaran, y en un momento llegó a su tope, que era de 256 miembros, así que empecé a poner gente en espera. Uno que había entrado era uruguayo y me pidió sumar a un chileno amigo suyo, entonces se me ocurrió armar el grupo de ganaderos latinoamericanos. Y fue creciendo y mutando hasta que hace unos meses se transformó en una comunidad, con once grupos temáticos, y cada uno puede participar en los temas que quiera: genética, sanidad, manejo, alimentación, jornadas, etc.
-Tenés una base de datos más que atractiva ahí.
-Sí. Pero siempre lo hice con el ánimo de compartir, de sumar, intentando que no esté metida la parte comercial en el medio. Sé que para cualquier empresa esa base de datos vale un montón, pero no la voy a vender. Siento que aportó algo a la ganadería argentina; en eso estoy contento. Es como que hoy tengo amigos por todos lados gracias a esta red. En algún momento pensé que, así como llegué a Latinoamérica, podía pasar al resto del mundo, pero capaz suena medio loco, ¿no? Y siempre sueño con una aplicación que, al lado del sitio de WhatsApp, tenga la G de Ganaderos y sea una gran red de algo.
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