Río Negro

Industria frigorífica de Río Negro en problemas: empresas pierden escalas y aumentan los costos

La caída de la faena bovina en Río Negro ya supera el 9% interanual y abre las puertas de una reestructuración inevitable para los frigoríficos.

La industria frigorífica de Río Negro atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. Los números de faena correspondientes a los primeros once meses del año confirman una tendencia que ya no admite lecturas optimistas: la actividad se está contrayendo, las empresas pierden escala, los costos fijos se vuelven cada vez más difíciles de absorber y el negocio comienza a mostrar signos claros de estrés estructural. Detrás de las estadísticas aparecen decisiones forzadas, liquidación de stock, reacomodamientos productivos y un escenario que pone en jaque la sustentabilidad de buena parte del entramado industrial vinculado a la carne bovina en la provincia.

Durante noviembre los indicadores volvieron a confirmar esta dinámica descendente. Según los datos oficiales suministrados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (SAGPyA), entre enero y noviembre se faenaron en los frigoríficos rionegrinos 149.580 cabezas de ganado bovino. La cifra representa una caída interanual del 9,2% respecto de las poco más de 164.700 cabezas faenadas en igual período del año anterior. En términos absolutos, la pérdida es de 15.189 animales menos que ingresaron a las plantas industriales.

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Detrás de este número frío se esconde un impacto económico considerable. La menor cantidad de hacienda faenada implica menos ingresos para los productores, pero también menos actividad para los frigoríficos, transportistas, matarifes, trabajadores rurales, proveedores de servicios y toda la cadena de valor que gira alrededor de la industria cárnica. En un sector donde la escala es determinante para la competitividad, perder volumen equivale a encender todas las luces de alerta.

La lógica es sencilla pero implacable: cuando cae la faena, los costos fijos —energía, personal, mantenimiento, habilitaciones sanitarias, logística— se reparten sobre una menor cantidad de animales procesados. El resultado es un aumento inmediato del costo por cabeza, que se suma a una estructura de costos variables que ya viene creciendo de manera sostenida desde hace varios años. Este doble efecto genera un cuello de botella difícil de sostener para los frigoríficos regionales, especialmente aquellos que no cuentan con respaldo financiero suficiente o mercados diversificados.

A este complejo contexto hay que sumarle el alto nivel de irregularidad fiscal (elusión y evasión) que presenta toda la cadena cárnica en la región, que va desde la producción hasta la llegada a la góndola del producto, afectando a aquéllos frigoríficos que tienen toda su actividad 'en blanco'.

Un pico excepcional y las razones de su posterior caída

Para comprender la magnitud del problema actual es necesario mirar el comportamiento reciente de la actividad. Tal como se observa en la evolución de la faena, el año 2024 marcó un récord histórico para la provincia de Río Negro. La actividad industrial mostró un crecimiento significativo y alcanzó niveles inéditos de procesamiento de ganado bovino. Sin embargo, lejos de tratarse de un crecimiento genuino y sostenible, ese pico respondió a factores coyunturales que hoy explican, en buena medida, la caída actual.

Según coinciden distintos analistas ganaderos, una de las causas centrales fue la sequía que viene afectando a amplias zonas productivas. La falta de lluvias redujo drásticamente la disponibilidad de pasto, obligando a muchos productores a desprenderse de vientres y de hacienda que no se encontraba en buenas condiciones corporales. En lugar de retener animales para recomponer stock, la urgencia financiera y productiva llevó a acelerar las ventas.

El mismo fenómeno se observó con los terneros. Ante la imposibilidad de mantenerlos en campos castigados por la sequía, muchos fueron enviados a otras regiones, especialmente hacia el norte del país, donde en algunos casos las condiciones forrajeras eran relativamente mejores. Este proceso alimentó transitoriamente la faena, pero a costa de vaciar los campos y comprometer la producción futura.

El resultado de esta combinación de factores fue un aumento puntual de la faena en 2024, seguido por un ajuste brusco en 2025. Hoy, lo que se observa es una actividad que se achica y se reestructura, fundamentalmente como consecuencia de la caída en los stocks bovinos.

Menos stock, menos dólares y un vacío difícil de recomponer

Las proyecciones tampoco son alentadoras. Para el cierre de 2025, distintos estudios privados anticipan que el stock bovino en Río Negro volverá a caer, profundizando una tendencia que ya se manifestó con fuerza durante el último año. Los números son difíciles de digerir y reflejan la complejidad que atraviesa la actividad ganadera en la región.

Las cerca de 15.200 cabezas menos faenadas en lo que va del año representan algo más de 16 millones de dólares que la actividad primaria dejó de facturar. A esa cifra debe sumarse el impacto negativo sobre la industria frigorífica, que si bien captura un margen menor por cabeza, depende críticamente del volumen para sostener su estructura operativa.

Todo este dinero quedó fuera del sistema productivo regional. No se trata solo de ingresos que no se generaron, sino de recursos que no circularon, no se reinvirtieron y no dinamizaron las economías locales. La recomposición de estos stocks llevará tiempo y dependerá, en gran medida, de que se normalicen las condiciones climáticas y de que exista un marco de previsibilidad que incentive a los productores a volver a apostar por la retención y el crecimiento.

Alta concentración y pérdida de liderazgo

Al analizar la estructura industrial de Río Negro, el escenario muestra una fuerte concentración. Actualmente son ocho los frigoríficos que participan de la faena bovina en la provincia, pero tres de ellos concentran más del 90% del total de la actividad.

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El establecimiento con mayor nivel de faena en los primeros once meses del año fue el matadero municipal de Luis Beltrán, con algo más de 49.100 cabezas procesadas. En segundo lugar se ubicó Fridevi, con 44.700 cabezas, y en tercer término la cooperativa JJ Gómez, con 44.100 animales.

Esta concentración no solo evidencia la fragilidad de los actores más pequeños, sino que también magnifica el impacto de cualquier ajuste en los grandes jugadores. En este sentido, uno de los datos más relevantes del año es la pérdida de participación de la cooperativa JJ Gómez. En términos interanuales, dejó de faenar 9.200 cabezas de ganado vacuno, lo que representa una caída del 17%. Un número significativo que explica, en parte, el cambio de liderazgo dentro del sector.

El dato no es menor: el año pasado la cooperativa JJ Gómez lideraba la faena en Río Negro y hoy se ubica en el tercer lugar. Este reordenamiento interno refleja cómo la pérdida de escala impacta de manera desigual según el perfil de cada empresa, su estructura de costos y su capacidad de adaptación.

Fridevi también mostró números negativos, con unas 5.600 cabezas menos faenadas, equivalentes a una baja del 11% respecto del año anterior. El matadero municipal de Luis Beltrán, en cambio, logró amortiguar mejor el golpe, con una reducción de apenas 2.600 cabezas, un 5% interanual.

Reestructuración o salida del mercado

Las perspectivas hacia adelante generan preocupación. De acuerdo con analistas y empresarios del sector, si continúa la liquidación de stock y no se produce un cambio significativo en las condiciones climáticas —especialmente la llegada de lluvias que permitan recomponer pasturas y aumentar la carga animal—, los frigoríficos se verán obligados a reestructurarse para poder subsistir.

La palabra “reestructuración” puede implicar múltiples escenarios: reducción de turnos, ajustes de personal, menor cantidad de días de faena, alianzas estratégicas o incluso el cierre de plantas que no logren sostener su operación. En un contexto donde la faena seguiría cayendo, la escala de la actividad frigorífica tiende a desequilibrarse de manera progresiva, poniendo en riesgo la continuidad de algunos actores.

Neuquén: una crisis más contenida

El contraste con la provincia de Neuquén permite dimensionar mejor la situación rionegrina. Si bien las escalas productivas son distintas, la caída de faena en Neuquén fue mucho más moderada. En los primeros once meses del año, los establecimientos neuquinos faenaron 42.322 cabezas, apenas un 0,7% menos que en el mismo período de 2024. En términos absolutos, la baja fue de solo 304 animales.

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Esto sugiere que la crisis fue mejor contenida por los ganaderos neuquinos, quienes lograron sostener el nivel de actividad pese a las dificultades generales del sector. En cuanto a la estructura industrial, la firma Agroservice lidera con claridad la faena, con poco más de 21.900 cabezas, seguida por el matadero municipal de Zapala, con 7.800, y la empresa Cata, con 6.700.

Estas tres firmas concentran alrededor del 85% de la faena provincial. El resto se reparte entre frigoríficos municipales de menor escala y una sociedad del Estado en San Patricio del Chañar. A diferencia de Río Negro, en Neuquén se observa que, si bien las grandes plantas también registraron caídas, los establecimientos más pequeños muestran en general subas en su nivel de actividad.

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Un desafío que excede a la coyuntura

La situación de la industria frigorífica rionegrina no puede analizarse solo como una mala racha coyuntural. Los datos revelan un problema más profundo, vinculado a la fragilidad de los stocks, la dependencia de factores climáticos extremos, la falta de previsibilidad regulatoria y una estructura industrial altamente concentrada.

El desafío será reconstruir confianza, recomponer stock y diseñar estrategias que permitan sostener la escala mínima necesaria para que los frigoríficos sigan operando. Sin ello, el riesgo es claro: menos faena, menos empleo, menos inversión y un retroceso estructural de una actividad clave para la economía regional.

Fuente: Redacción +P.

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