Argentina

Iriarte alertó que la Argentina se acerca peligrosamente a un rodeo de 1 vaca por habitante

La Argentina perdió otras 700.000 cabezas de ganado en 2025 y especialistas alertan por la escasez futura de carne vacuna.

El año pasado, cuando muchos hablaban del “boom ganadero”, el analista Ignacio Iriarte, director de la revista Informe Ganadero, decía que, pese a los altos precios internacionales de la hacienda vacuna, aún no veía signos de recomposición del rodeo en la Argentina, que ya había perdido 3,6 millones de animales desde 2022. Efectivamente, hace poco se conocieron los datos del SENASA de fines de 2025, cuando las existencias bovinas en el país totalizaron 50,92 millones de cabezas, unas 700.000 menos que el año anterior. Hoy, el director de Informe Ganadero cree que el stock ha tocado un piso, que no seguirá cayendo este año, pero que la posibilidad de que crezca estará supeditada a dos cuestiones centrales: la anticipación de la incertidumbre electoral y los pronósticos de un año con lluvias descomunales. De todos modos, augura un gran momento para la ganadería bovina. Sobre estos y otros temas, el experto conversó con +P.

—El año pasado, usted sonaba pesimista cuando decía que el rodeo bovino argentino volvería a reducirse, pero los datos le dieron la razón: en 2025 perdió unas 700.000 cabezas más. ¿Le llamaron la atención estos datos?

—El balance ganadero daba, desde hace rato, que el stock iba a estar apenas por debajo de los 51 millones de cabezas, que es lo que efectivamente dio. Sí me sorprende que, con la faena altísima de vaquillonas del año pasado, el stock de esta categoría haya sido igual. Y también me sorprende la caída en el stock de vacas, que es mucho más importante de lo esperado y compromete el punto de partida de la recomposición ganadera, que está cada vez más abajo: cada vez hay menos hacienda.

—El stock de vacas dio alrededor de 21,5 millones de cabezas.

—El número de vacas es mucho menor de lo que yo esperaba: esperaba entre 100.000 y 200.000 vacas menos, pero hay 530.000 vacas menos que el año anterior. Como en el país no hay cambios sustanciales ni en la productividad ni en el peso medio por animal, el crecimiento del stock depende, en gran medida, de que tengamos más vacas: si tenemos más vacas, tenemos más terneros. Pero tenemos menos vacas. Y hemos llevado esto demasiado lejos: la seca nos costó 3 millones de cabezas. Con respecto al máximo contemporáneo, que se dio en 2018, tenemos 4 millones de cabezas menos.

—¿Estamos en un piso?

—Yo creo que este es el piso. Llama la atención que sigan cayendo los novillos: es el cuarto año consecutivo en que cae la cantidad de novillos, a la vez que repunta un poquito la categoría novillitos. Y el número más importante, después de las vacas, es la cantidad de terneros. El destete de este año, que ya empezó este otoño, va a ser malo, probablemente el undécimo en cantidad de terneros destetados en los últimos 20 años.

—¿Cómo proyecta la faena de este año?

—Este año va a haber una caída en la faena y seguramente dejemos de liquidar stocks. Pero de ahí al crecimiento falta bastante. Hace unos días veía, en un informe, que la inversión en la Argentina, en general, es mucho más baja de lo que tendría que ser. En ganadería podemos decir lo mismo: la inversión básica y principal en el sector es acumular hembras, sobre todo para recuperar todo lo que se perdió. El sector ganadero está invirtiendo en otros rubros: alambres, pasturas, mejoras, camionetas, mangas, productos veterinarios, comederos, maquinaria, pero todavía no se está dando lo más costoso, que es acumular hembras, dejar de venderlas. En 2025 se demostró que el nivel de faena que teníamos no se podía sostener e iba a caer el stock, y efectivamente cayó en forma importante. Pero la faena se ha derrumbado de tal manera que ya se puede hablar de que estamos por debajo de los niveles de equilibrio; que, cuando contemos la hacienda de vuelta, va a haber algo más, va a haber dejado de caer. No cambia la historia, porque estamos hablando de una acumulación de hacienda que va a estar, por lo que se presenta ahora, al ritmo del crecimiento poblacional.

—¿Entonces se revierte el ciclo este año?

—Pero con un punto de partida muy modesto, muy pobre. Dos veces en la historia tuvimos 60 millones de cabezas, y hoy estamos por debajo de los 51 millones. Creo que el próximo dato ya va a ser mejor, ya no vamos a estar cayendo. Pero el punto de partida para una revolución ganadera es muy bajo. La carne vacuna va a ser un producto escaso por mucho tiempo.

La situación a nivel global

—¿Es singular el caso de la Argentina respecto de otros países ganaderos?

—La caída del stock ganadero es un fenómeno que se está dando en todas partes del mundo, salvo quizá en Brasil, que no sé si no nos va a dar una sorpresa próximamente. Pero sea por cuestiones climáticas, porque no hay recambio generacional entre los empresarios, por el aumento de los costos o por la tasa de interés, lo cierto es que la producción de carne vacuna en el mundo crece mucho más lentamente que la demanda mundial. Y la Argentina no es la excepción.

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La incertidumbre electoral y el posible “super Niño” aparecen como factores clave para definir el futuro de la ganadería.

La incertidumbre electoral y el posible “super Niño” aparecen como factores clave para definir el futuro de la ganadería.

—¿La Argentina ya no es tan “el país de la carne”?

—En términos de ganadería, las existencias confirman que somos más pobres de lo que esperábamos. La Argentina se va acercando peligrosamente a ese cociente que se usa en tantas partes del mundo: cuántas cabezas de ganado vacuno hay por habitante. Eso que, en la época de oro argentina, fue de 3 a 1 y que hace 50 años todavía era de 2 a 1, hoy se está acercando peligrosamente al 1 a 1. Tenemos menos de 51 millones de cabezas y vamos camino a tener 50 millones de habitantes. La carne va a ser, por mucho tiempo, un producto escaso. Pero vamos a ver qué pasa con el mundo, que está muy convulsionado.

—¿Cómo ve el mercado de la carne vacuna a nivel global?

—El mercado de la carne vacuna en el mundo está muy bien, pero la situación de la guerra en Medio Oriente es actualmente absolutamente excluyente. Hasta ahora no ha tenido un efecto determinante sobre el precio de la hacienda ni sobre el precio de la carne a nivel mundial. Se han moderado un poco los picos; ha habido correcciones de precios en todo el mundo, tanto en el ganado en pie como en la carne. Pero, después de subas extraordinarias, han sido correcciones muy moderadas.

Exportadores vs. “consumeros”

—En este reacomodamiento de la ganadería, ¿Cómo está viendo el papel de los frigoríficos exportadores?

—Aclaremos primero que los llamados frigoríficos exportadores son, en realidad, frigoríficos predominantemente exportadores, porque casi todos abastecen también al consumo interno. El consorcio ABC, que nuclea a la gran mayoría de estas empresas, representa actualmente alrededor del 38% de los animales faenados. A eso hay que agregar entre seis y ocho frigoríficos que también exportan. Pero, además, yo hago otra cuenta adicional, porque la exportación faena generalmente novillos pesados, es decir, animales más grandes y con un peso superior al promedio. Mi conclusión —que nadie me desmintió hasta ahora— es que los frigoríficos predominantemente exportadores, incluyendo los que no están en el ABC, hoy son responsables, probablemente, de no menos del 45% de la faena en kilos.

—¿Creció su participación, entonces?

—Mi impresión es que, por un lado, estos frigoríficos han seguido creciendo, aumentando la capacidad instalada; y, por otro lado, hay una decadencia brutal de todos los grandes frigoríficos de consumo, prestadores de servicio, que faenan animales chicos para matarifes. Se podría decir que es como el triunfo de los grandes exportadores sobre los matarifes que abastecen el consumo interno.

—Desde hace muchos años, los frigoríficos que exportan se quejan de que les cuesta competir con los que solo venden al mercado interno, que no tienen el mismo peso de las obligaciones sanitarias, tributarias, etcétera.

—Los frigoríficos que solo prestan servicios para el consumo interno no hacen otra cosa que retroceder, porque tienen muy poco valor agregado. Muchos de ellos se han ido transformando y siguen haciendo inversiones para convertirse en exportadores, porque el negocio del consumo, matando un animal liviano, chico, con gran ociosidad en las plantas, con alta incidencia de los costos fijos y discutiendo todo el tiempo para captar un usuario, un matarife u otro matarife, así como está, no va más. Encima, los subproductos —el cuero, las achuras, la grasa, el sebo, la cabeza, etcétera—, que en otra época captaban mucho valor, hoy tienen un valor relativo muy reducido. Entonces, esa puja hoy la está ganando el frigorífico predominantemente exportador.

Incertidumbre electoral y “super Niño”

—¿Piensa que ahora sí están dadas las condiciones para que los productores retengan hacienda, lo que terminaría incrementando el rodeo nacional?

—Cada época tiene su humor, es un humor de época. El año pasado, después de tres o cuatro años de liquidación, pensé que no se terminaba nunca. En este momento, probablemente, estamos en una retención moderada, que puede afirmarse. Pero tenemos por delante dos episodios, para mí, decisivos, y cuesta hablar del tema.

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Aunque la faena comenzó a desacelerarse, el sector ganadero sigue preocupado por la fuerte pérdida de vacas y terneros.

Aunque la faena comenzó a desacelerarse, el sector ganadero sigue preocupado por la fuerte pérdida de vacas y terneros.

—¿Cuáles son?

—El primero es que se está instalando, con una anticipación increíble, la reelección de (Javier) Milei. Y, después del Mundial, con un año de anticipación, el mercado ya está dudando de que sea reelecto. Eso podría tener un impacto importante, según las estadísticas: no es lo mismo que nuestro futuro presidente sea (Axel) Kicillof o (Miguel Ángel) Pichetto, o no sé quién, a que siga Milei. Eso, a mi modo de ver, va a tener incidencia, por ejemplo, en la dolarización: el año electoral se va a anticipar enormemente con respecto a todo lo conocido. Y con motivos. Hace unos dos meses, el ministro (de Economía, Luis) Caputo dijo que la reelección de Milei iba a ser “un paseo por el parque”. Hoy ya todo el mundo habla de cuáles serían los resultados en un balotaje. O sea que no solo no va a ganar en un paseo, sino que probablemente va a ser muy difícil que gane en primera vuelta. Eso como un primer tema. No cuál va a ser el resultado, sino que se va a instalar con muchísima anticipación la incertidumbre electoral, y hay mucha gente que cree que ya está instalada, que no hay que buscarla después del Mundial.

—¿Y el otro episodio?

—El segundo tema que hay que tener en cuenta es que estamos en presencia de un super Niño a nivel climático, que aparentemente va a pegar, en parte, en los próximos dos o tres meses y seguramente a partir de noviembre. Si es como están diciendo, que vienen lluvias excepcionales, evidentemente va a tener un impacto muy grande sobre la ganadería argentina, que es una fábrica al aire libre. Lo vienen diciendo desde hace rato: primero, la posibilidad de ocurrencia era del 60%; ahora, del 90%; y hay gente que dice que es del 95%. Es decir, estamos en presencia de lluvias inéditas para algún momento del segundo semestre —se habla de noviembre a diciembre—. Eso, en otros países del mundo, se toma muy en cuenta; acá, no.

—¿Cree que estos factores van a perjudicar el negocio?

—No estoy hablando de factores bajoneantes; son factores que tengo que tener en cuenta. Porque después, cuando esté instalado el Niño, o cuando empecemos a tener noticias muy contradictorias sobre si Milei va a ser reelecto automáticamente o no, todo eso va a incidir en dos cosas: en la voluntad de retener o no y, sobre todo, en el dólar. Todo el mundo dice que el año que viene, de vuelta, como en todas las elecciones, las empresas y los particulares van a dolarizar sus carteras. ¿Cómo se lee eso? Van a comprar dólares para atravesar un período muy incierto. Pero, bueno, de todas maneras, vienen épocas muy buenas para la ganadería.

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