La gramínea que revive suelos degradados y sostiene la ganadería
¿Puede una sola especie transformar hectáreas improductivas en pasturas rentables en el corazón de San Luis?
El buffel grass (Cenchrus ciliaris L.) se consolida como una de las herramientas más efectivas para recuperar áreas degradadas en ambientes semiáridos de Argentina. Originaria de África, esta gramínea perenne destaca por su extraordinaria resistencia a la sequía, rápido rebrote y elevado aporte forrajero.
Investigadores del INTA Quines, en San Luis, evaluaron durante varios ciclos su comportamiento productivo, receptividad animal y mejores prácticas de manejo. Los resultados entregan lineamientos claros para productores que buscan estabilizar y potenciar la oferta forrajera en el semiárido puntano.
¿Por qué el buffel grass triunfa donde otras especies fallan?
La especie tolera suelos pobres, alta salinidad moderada y precipitaciones anuales que rara vez superan los 400 mm. Su sistema radicular profundo le permite captar humedad en capas inferiores, mientras que la capacidad de rebrote tras cortes o pastoreo mantiene una cobertura verde incluso en los meses más secos. Estas características convierten al buffel grass en una alternativa estratégica para zonas donde los pastizales naturales sufren sobrepastoreo crónico, erosión eólica y pérdida progresiva de productividad.
Héctor Andrada, investigador de la Agencia de Extensión Rural del INTA Quines, subraya que “el buffel grass puede convertirse en una herramienta clave para los productores de la región, siempre y cuando se implante y maneje de manera responsable”. La clave reside en evitar su uso como solución mágica y tratarlo como un componente dentro de una planificación forrajera integral.
Densidad óptima y momento preciso
Los ensayos determinaron que la densidad de siembra recomendada oscila entre 7 y 8 kg/ha de semilla pura viable. La siembra debe realizarse al inicio de la temporada de lluvias, preferentemente entre septiembre y noviembre según el pronóstico local. El manejo previo del lote incluye desmonte selectivo, pasada de rolo y siembra con cajón sembrador que asegure una cobertura fina de suelo sobre la semilla. Profundidades mayores a 2-3 cm reducen drásticamente la emergencia.
La evaluación post-siembra mostró que una implantación considerada exitosa alcanza entre 8 y 10 plantas por metro cuadrado al año siguiente. En esas condiciones, y con manejo adecuado, la pastura produce hasta 3.000 kg de materia seca por hectárea en un ciclo anual. Ese volumen solo se materializa cuando se aplican descansos prolongados, carga moderada y pastoreo rotativo.
Cómo evitar el sobrepastoreo que destruye la inversión
Uno de los aportes más valiosos del trabajo fue la aplicación de un modelo de parcelamiento que ajusta la carga animal en función de la disponibilidad real de forraje. Este enfoque optimiza el uso del recurso, previene el sobrepastoreo y garantiza el equilibrio entre oferta y demanda a lo largo del año. Andrada explicó que “este sistema permite maximizar la producción animal sin comprometer la persistencia de la pastura”.
El manejo recomendado incluye un período inicial de arraigo sin pastoreo (generalmente el primer ciclo completo) para que la planta desarrolle un buen sistema radicular y acumule reservas. Posteriormente se define el aprovechamiento según el número de plantas establecidas: si la densidad es adecuada, se inicia el pastoreo controlado; si queda por debajo de las 8 plantas/m², se prioriza dejar semillar para reforzar la implantación antes de cualquier extracción.
Integración estratégica: buffel grass junto al pastizal nativo
Los especialistas enfatizan que el buffel grass no debe desplazar pastizales naturales en buen estado de conservación. Su uso recomendado se circunscribe a áreas degradadas, bordes de lotes, zonas erosionadas o sectores con baja productividad perenne. Cuando se integra de forma planificada con los componentes nativos, contribuye a elevar la resiliencia del sistema ganadero frente a sequías prolongadas y variabilidad climática.
“No se trata de una solución aislada —precisó Andrada—. El buffel grass forma parte de una estrategia de planificación forrajera a corto, mediano y largo plazo”. Esta visión integral permite a los productores del semiárido puntano diversificar la oferta, reducir la dependencia de suplementación invernal y sostener cargas animales más estables año tras año.
Con un manejo responsable y una implantación técnicamente correcta, el buffel grass demuestra ser una de las opciones más rentables y sostenibles para recuperar suelos degradados y fortalecer la ganadería extensiva en regiones de escasa y errática pluviosidad.
Fuente: INTA con aportes de +P
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