Al frente de 3.600 hectáreas: los nietos tomaron la conducción del establecimiento "Negro el 8", respaldados por la trayectoria y el acompañamiento constante de su abuelo.
En el último Encuentro Ganadero de Río Colorado, Maite Giretti, veterinaria de 25 años, y su abuelo contaron cómo fue el traspaso del campo familiar.
Fue uno de los momentos más sentidos del último Encuentro Ganadero de Río Colorado. Una veterinaria de 25 años y su abuelo subieron a exponer, cada uno desde su lugar, cómo un campo que él levantó desde cero pasó a manos de la generación siguiente. Maite Giretti lo maneja desde diciembre junto a su hermano Emiliano, de 24, un egresado de un secundario de orientación técnica que prefiere armar y desarmar cosas en el campo a hablar en público. El abuelo no se fue del todo del campo: sigue yendo, opina y acompaña. Pero la conducción ya cambió de manos.
La exposición tuvo dos partes. Primero, las definiciones: qué significa recibir un campo y qué significa entregarlo. Después, lo concreto: qué cambió en el manejo desde que los nietos tomaron la posta.
Maite arrancó por el método. “Hay acuerdos intergeneracionales. Cada decisión, cada cambio que queremos hacer, lo decidimos entre los tres. Nos sentamos los tres, con la experiencia que tuvo el abuelo”, explicó.
Para ella, el traspaso no se agota en la titularidad del manejo. “No se trata solamente de recibir el campo, sino de estar a la altura de la confianza de quien nos lo entregó, para continuar su legado y cuidar algo por lo que tanto luchó”, dijo. Y subrayó el origen: “Él arrancó de cero. Nosotros siempre tenemos en mente eso: tomamos algo que costó muchísimo trabajo hacer”. Y ahí está, a la espera de los cambios que promete la juventud, el establecimiento “Negro el 8”, de 3.600 hectáreas.
La pregunta para el abuelo fue directa: qué aspectos consideró importantes para darles paso a las nuevas generaciones y qué hizo al respecto. La respuesta empezó por una certeza sin vueltas. “Es necesario dar un paso al costado, porque la vida no la tenemos comprada. Uno, al llegar a cierta edad, puede faltar. ¿Y qué mejor que dejar la posta y poder orientar?”.
Su decisión, contó, nació de lo que vio a su alrededor: “Vi muchos casos de gente que tenía un capital grande, pero no le dieron lugar a la juventud que venía de atrás. Lo vi en mucho caso eso. Y después, cuando tomaron la posta los hijos o los nietos, no sabían ni qué hacer. Y yo me dije: eso no me puede pasar a mí”.
De ahí la conclusión: “Es por eso que llegué a la conclusión de dejarles el proyecto a ellos, para que lo sigan adelante”. Todo al amparo de una convicción: “Sé que se van a manejar muy bien”.
Con ese marco, los hermanos empezaron a mover el campo. El primer cambio fue estructural: dividieron y armaron más cuadros para poder hacer rotaciones para mejorar el manejo del pastizal. También plantaron árboles nuevos para tener sombra, “tanto para nosotros para trabajar como para los animales”, según detalló Maite.
En el rodeo, la decisión fue sacar las vacas viejas. Pero el ajuste más visible fue con las ovejas: en un cuadro donde el abuelo tenía más de 100, los nietos resolvieron sembrar avena. Ahí se descartó buena parte de la majada y el abuelo se quedó con apenas 25. No fue un paso menor, y quienes conocen a Paulino, largaron algunas sonrisas. Este veterano del campo tiene un largo camino como productor ovejero.
No todo fue modificación. Consultada sobre qué valoran y quieren conservar de la forma de trabajar de su abuelo, Maite fue concreta: “Trabajar con calma y paciencia”.
Por su parte, el abuelo reconoce que los tiempos son otros. “Ellos vienen con otro empuje. Nosotros estamos con el Kapelusz viejo”, dijo, en alusión al clásico manual escolar de la primaria argentina. “Vienen con otras iniciativas, otros proyectos, y lo tienen que implementar, y no es fácil. Porque la experiencia es todo, y ellos van a tener que experimentar eso”.
Aun así, ve futuro. “Hoy hay mucho porvenir, con nuevas miradas, nuevas capacidades. Como el caso de Maite, que estudió veterinaria y hoy puede hacer trabajos que yo no podía hacer y que antes no se hacían. No porque no se pudieran hacer, sino porque no estaba la iniciativa”.
Ya fuera del escenario, el abuelo contó a +P cómo vive esta etapa. Aseguró que está “bien tranquilo, porque hace de cuenta que sigo yo allá. Vienen ellos, hacen, deshacen. Pero me gusta ir, pegar una vuelta”. Y cerró la idea: “Hoy hay que dejar que sigan ellos”.
¿Le siguen consultando al abuelo? Maite no dudó: “Sí, obvio, siempre, siempre. Todas las decisiones que tomamos las hacemos entre los tres”.
La última pregunta fue sobre los jóvenes que todavía no logran que sus mayores les den el manejo del campo y el camino a recorrer. La respuesta de Maite repartió responsabilidades. “Este cambio tiene que ser de ambas partes. De la parte de los que se van, porque deben dejar vincularse a los jóvenes con el campo, dejarlos que opinen. Y de parte de los jóvenes, empezar a vincularse, a meterse, y a aprovechar a los adultos que conocen el campo de taquito”, planteó.
El objetivo, dijo, es capitalizar ese saber para dar continuidad: “Aprovechar esa experiencia para poder seguir. Y tiene que ser algo de ambas partes: dejar vincular a los jóvenes, y los jóvenes también que se vinculen”.
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