La detección temprana redefine el control de la chicharrita del maíz
¿El monitoreo constante puede evitar pérdidas millonarias por achaparramiento en maíz? Especialistas del INTA confirman que sí y revelan el panorama actual de la plaga.
El monitoreo temprano y sistemático se consolida como la herramienta técnica más poderosa para manejar la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), vector principal de los patógenos que causan el achaparramiento. Así lo afirmaron referentes del INTA durante un conversatorio clave con productores y asesores técnicos, donde presentaron datos actualizados sobre presencia del insecto, densidades poblacionales y porcentaje de individuos infectados. La conclusión central resulta clara: las decisiones de manejo deben ajustarse lote por lote, sin recetas universales.
Los relevamientos nacionales indican que los maíces tempranos no enfrentan riesgo significativo en la actualidad. En los maíces de segunda, la probabilidad de impacto económico permanece baja, especialmente al sur del paralelo 30. En numerosas zonas, los monitoreos no detectan presencia de la plaga, lo que permite focalizar recursos y evitar intervenciones innecesarias.
El escenario cambia en el NEA y NOA, donde los maíces tardíos o de segunda se encuentran en estadios fenológicos iniciales —los más susceptibles—. Aunque las densidades de chicharrita aumentan, los valores actuales resultan inferiores a los registrados durante la epifitia de la campaña 2023/2024. Esta diferencia reduce el riesgo comparado con aquella temporada crítica.
Monitoreo: la base indiscutible de toda estrategia
“El monitoreo es la base para cualquier decisión”, enfatizó Eduardo Trumper, coordinador del Programa Nacional de Protección Vegetal del INTA. Conocer la presencia o ausencia del vector, junto con su densidad, transforma por completo el enfoque de manejo. No equivale detectar una chicharrita cada 100 plantas que una cada 10: la segunda situación multiplica por diez la presión de inóculo.
El protocolo estandarizado del INTA consiste en seleccionar 10 puntos distribuidos en el lote y revisar cuidadosamente 5 plantas por punto, evitando que los insectos escapen durante la observación. Un enfoque complementario prioriza la bordura del cultivo: si allí se detecta presencia, se extiende el muestreo al interior. La ausencia total en observación directa sugiere riesgo nulo por el momento; sin embargo, la mera presencia no equivale a peligro inminente, ya que la densidad y el porcentaje de portadores determinan la amenaza real.
Factores adicionales que modulan la decisión incluyen el estado fenológico del cultivo —una planta en V10 tolera mucho mejor la infección que una en V3—, la proximidad de lotes vecinos con dispersión potencial y la evolución de los porcentajes de chicharritas portadoras de mollicutes y fitoplasmas. La Red Nacional interinstitucional de Trampas de Monitoreo publica informes quincenales con estimaciones de portadores, principalmente de Spiroplasma, mientras el INTA complementa con muestreos propios en diversas regiones.
Manejo químico: precisión antes que generalización
Los especialistas coincidieron en que no existe una única respuesta válida para el control químico. Cada lote exige evaluación individual basada en datos de monitoreo. Cuando se decide intervenir, se recomienda priorizar la aplicación en bordura, salvo que los relevamientos muestren densidades relevantes en todo el lote. “Las decisiones son aproximaciones técnicas, no recetas”, subrayó Trumper, quien insistió en equilibrar costos y beneficios.
En casos de aplicación, la eficacia puntual puede alcanzar el 80 %, aunque reinfestaciones desde lotes vecinos limitan el éxito a largo plazo. Por ello, resulta imprescindible utilizar únicamente productos aprobados por SENASA y complementar con otras tácticas preventivas.
Estrategias integradas y recomendaciones clave
María de la Paz Giménez Pecci, investigadora del IPAVE-CIAP, proyectó que la campaña 2025/26 se ubicará en un nivel intermedio entre la epidemia 2023/24 y la campaña sin mayores problemas 2024/25. Los lotes muy tardíos o resiembras podrían presentar complicaciones puntuales.
Entre las tácticas de manejo preventivo destacó el vacío sanitario, la elección de germoplasma tolerante, la fecha de siembra —preferentemente temprana y dentro del “pelotón” óptimo—, la fertilización adecuada y la evitación de escalonamientos o resiembras simultáneas. El control químico debe reservarse como última alternativa, una vez confirmada la presencia y densidad crítica de la plaga.
Emilia Balbi, del INTA Marcos Juárez, reportó un aumento en la proporción de chicharritas portadoras de mollicutes y fitoplasmas al comparar inicios de campaña 2025 versus 2026 en Chaco, lo que refuerza la necesidad de vigilancia continua.
Herramientas disponibles y cierre
El INTA pone a disposición el micro-sitio de achaparramiento del maíz, que incluye el Mapa nacional de monitoreo, la red entomológica y registros de observación directa. Estos recursos, junto con la articulación interinstitucional, permiten decisiones informadas y oportunas.
La detección temprana, el monitoreo riguroso y el manejo integrado emergen como pilares fundamentales para minimizar el impacto económico de la chicharrita y el achaparramiento en la producción de maíz argentina.
Fuente: INTA con aportes de Redacción +P







