"Lo que hoy se tira mañana será negocio": la revolución que impulsa el CIATI en la industria alimentaria
La economía circular abre nuevas oportunidades para las empresas agroindustriales. Desde el CIATI impulsan proyectos que convierten descartes como el bagazo de manzana en fibras, bioactivos y otros insumos con potencial comercial.
La sustentabilidad dejó de ser un atributo diferenciador para convertirse en una exigencia de los mercados internacionales. Esa es una de las principales conclusiones que plantea Rodolfo Ardenghi, titular del Centro de Investigación y Asistencia Técnica a la Industria (CIATI), quien sostiene que el futuro de la producción agroindustrial estará marcado por la capacidad de transformar residuos en nuevas oportunidades de negocio.
Desde su sede en el Alto Valle, el CIATI trabaja desde hace décadas brindando servicios analíticos, asistencia técnica e investigación y desarrollo para las industrias alimenticias, ambientales y geoquímicas. Sin embargo, según Ardenghi, el desafío actual va mucho más allá de garantizar la calidad de los procesos productivos: se trata de acompañar a las empresas en una transformación profunda hacia modelos de economía circular.
“Hace algunos años la sustentabilidad era un atributo de venta. Hoy es una exigencia. Lo que pasa es que en Argentina nos estamos despertando ahora”, afirma.
La reflexión llega en un contexto donde los principales compradores internacionales comienzan a exigir cada vez más información sobre el impacto ambiental de los productos que consumen. Para el ejecutivo, la tendencia es irreversible y las empresas que no se adapten quedarán fuera de determinados mercados.
Del residuo al subproducto
Cuando habla de sustentabilidad, Ardenghi busca alejarse de los conceptos abstractos y llevar la discusión a ejemplos concretos. “Cuando hablo de sustentabilidad digo que ninguna empresa ni ninguna producción debería generar residuos. Lo que tiene que generar son subproductos”, explica.
El ejemplo más cercano a la realidad regional es el de la industria de jugos concentrados de manzana y pera, una de las actividades más importantes del norte de la Patagonia. Durante el proceso de elaboración se genera una importante cantidad de bagazo u orujo, material que históricamente fue considerado un descarte.
Para el CIATI, allí existe una oportunidad de enorme valor económico y ambiental. “El proyecto en el que estamos trabajando apunta a que no se tire un gramo de nada. Ese bagazo puede convertirse en fibra soluble, fibra insoluble y otros componentes de alto valor agregado”, señala.
Según explica, durante años la industria consideró esos materiales como residuos sin advertir que contienen compuestos bioactivos de interés para distintas aplicaciones. “Estamos tirando polifenoles y muchas otras sustancias que pueden ser útiles. Hay que dejar de pensar en términos de descarte y empezar a pensar en términos de aprovechamiento”, sostiene.
La propuesta encaja dentro de los principios de la economía circular, un modelo que busca mantener los recursos dentro de los sistemas productivos el mayor tiempo posible, reduciendo desperdicios y generando nuevas cadenas de valor.
Una exigencia que llega desde los mercados
La transformación no responde únicamente a una preocupación ambiental. Ardenghi remarca que existe una creciente presión comercial por parte de los mercados compradores. “En Argentina todavía no está prohibido generar determinados residuos, pero es un tema de tiempo. Mientras tanto, los importadores ya están exigiendo sustentabilidad y economía circular. Si no cumplís con esos requisitos, directamente dejan de comprarte”, advierte.
Como ejemplo menciona las exportaciones de jugo hacia Estados Unidos, donde los compradores ya evalúan prácticas ambientales dentro de sus criterios de selección de proveedores.
A su entender, el consumidor moderno también está modificando las reglas de juego. “Hoy la gente compra historias. Escanea un código QR y quiere saber de dónde viene el producto, cómo se hizo, quién lo produjo. No quiere trabajo esclavo ni procesos contaminantes”, explica.
Esta nueva realidad obliga a las empresas a demostrar transparencia y responsabilidad ambiental a lo largo de toda la cadena productiva.
Ciencia aplicada para resolver problemas concretos
Frente a estos desafíos, el CIATI se posiciona como un aliado tecnológico para la industria. Ardenghi explica que el trabajo del centro consiste en desarrollar proyectos específicos para resolver problemas concretos de las empresas, utilizando herramientas científicas y tecnológicas de última generación.
“Si una empresa necesita transformar un residuo en un subproducto, nosotros hacemos el proyecto, realizamos los ensayos, analizamos miles de muestras y estudiamos las variables del proceso hasta encontrar una solución”, explica.
Según detalla, muchas compañías podrían intentar resolver estos problemas mediante prueba y error, pero el costo y el tiempo que eso implica suelen volver indispensable la participación de especialistas. “El especialista somos nosotros”, resume.
El modelo de trabajo del CIATI se basa en la prestación de servicios analíticos, asistencia técnica e investigación y desarrollo. Dependiendo del proyecto, la institución puede cobrar por horas de trabajo, participar mediante regalías vinculadas al éxito comercial de una innovación o intervenir en desarrollos tecnológicos específicos. “Vivimos de lo que generamos en el mercado. El Estado no financia nuestra operación cotidiana. Por eso trabajamos sobre demandas reales de la industria”, afirma.
El potencial oculto del bagazo de manzana
Uno de los desarrollos que concentra actualmente la atención del centro tecnológico está vinculado precisamente al aprovechamiento del bagazo de manzana. Ardenghi destaca que existe una demanda creciente de fibra soluble para aplicaciones alimenticias y nutracéuticas.
“La demanda de fibra soluble es impresionante. Nuestra idea es obtener fibra soluble por un lado y recuperar compuestos bioactivos por otro”, explica. Entre esos compuestos aparecen los polifenoles, moléculas ampliamente estudiadas por sus propiedades antioxidantes y su potencial uso en productos nutracéuticos. La nutracéutica, un sector ubicado entre los alimentos y la salud, representa uno de los mercados con mayor crecimiento a nivel mundial.
“La industria farmacéutica está muy regulada. La nutracéutica tiene otra dinámica. Hay productos serios y otros que no lo son tanto. Nosotros queremos trabajar para la nutracéutica seria”, aclara. La posibilidad de recuperar estos compuestos permitiría transformar un material de bajo valor económico en ingredientes destinados a industrias con márgenes significativamente superiores.
La brecha entre la ciencia y la industria
Durante la entrevista, Ardenghi también realiza una fuerte crítica al sistema científico argentino y a la forma en que se evalúa la producción de conocimiento. Según su visión, el país genera investigación de calidad, pero muchas veces carece de mecanismos efectivos para convertirla en soluciones concretas para el sector productivo.
“Cuando uno revisa cientos de trabajos científicos publicados en los últimos años encuentra que muy pocos terminan en aplicaciones industriales reales”, señala. Para el titular del CIATI, el problema radica en los incentivos que reciben los investigadores.
“La métrica actual premia la cantidad de papers publicados. Entonces muchos proyectos terminan orientados a publicar resultados científicos, pero no necesariamente a resolver problemas de la industria”, sostiene. Su propuesta es incorporar indicadores vinculados a la investigación aplicada y a la transferencia tecnológica efectiva. “Hay generación de conocimiento. Lo que falta es conectar mejor ese conocimiento con las necesidades concretas del sector productivo”, afirma.
Tecnología de nivel internacional
Además de los proyectos vinculados a sustentabilidad, el CIATI continúa ampliando su oferta de servicios tecnológicos. Ardenghi destaca que los laboratorios del centro cuentan con equipamiento comparable al utilizado en instituciones de referencia de países como Alemania, Japón o Estados Unidos. “Lo que tenemos acá es la misma tecnología que existe en laboratorios de primer nivel del mundo”, asegura.
Entre las áreas de trabajo más dinámicas se encuentra el monitoreo ambiental dentro de plantas industriales alimenticias, especialmente en el control microbiológico. Según explica, incluso las empresas más importantes pueden enfrentar problemas vinculados a la presencia de microorganismos en sus procesos.
Para responder a estos desafíos, el CIATI desarrolló metodologías basadas en biología molecular y metagenómica que permiten identificar no solo qué microorganismo está presente, sino también rastrear su origen. “Podemos detectar un microorganismo y determinar de dónde vino, quién lo introdujo y cómo ingresó al sistema”, explica.
Estas capacidades posicionan al centro tecnológico como un actor relevante no solo a nivel regional sino también internacional. De hecho, parte de sus especialistas trabajan actualmente en proyectos desarrollados en Chile.
El modelo del limón: un ejemplo de aprovechamiento total
Para ilustrar cómo funciona una verdadera economía circular, Ardenghi menciona el caso de la industria limonera argentina, considerada uno de los ejemplos más exitosos de aprovechamiento integral de la materia prima. “El limón es un caso donde prácticamente no se tira nada”, explica.
Durante el procesamiento industrial se obtiene el jugo, pero simultáneamente se recupera el aceite esencial presente en la cáscara. Luego, el material restante se utiliza para producir pellets destinados a la extracción de pectina, un insumo clave para la industria alimentaria. “Se aprovecha el jugo, se aprovecha el aceite esencial y se aprovecha la cáscara. Es un modelo perfecto de sustentabilidad”, señala.
El aceite esencial de limón posee además un alto valor estratégico en mercados internacionales y forma parte de insumos utilizados por grandes compañías globales. Para Ardenghi, ese es el camino que deberían seguir otras cadenas agroindustriales argentinas.
Alimentación del futuro
La visión de innovación impulsada por el CIATI también se refleja en iniciativas destinadas a promover nuevos desarrollos alimentarios. En ese marco, el centro organiza concursos vinculados a la llamada “alimentación del futuro”, donde participan emprendedores, investigadores y empresas.
Entre los proyectos premiados en las ediciones anteriores se destacaron un snack elaborado con proteína de insectos, un alimento diseñado para mejorar la absorción de hierro sin afectar el sabor y un muffin producido con harina libre de gluten. “Queremos impulsar ideas que respondan a los desafíos alimentarios que vienen”, explica Ardenghi.
La combinación entre innovación, sustentabilidad y agregado de valor aparece así como el eje central de una estrategia que busca fortalecer la competitividad de las industrias regionales.
Mientras los mercados internacionales elevan sus exigencias ambientales y los consumidores demandan mayor transparencia, el mensaje del titular del CIATI resulta contundente: el futuro de la producción no estará en generar menos residuos, sino en lograr que los residuos dejen de existir.
FUENTE: Redacción +P.
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