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Dieta de Zonas Azules o Ultraprocesados: La ciencia explica el costo de comer mal

¿Zonas Azules o ultraprocesados? Un informe de The Lancet revela cómo la industria erosiona la salud global y nos aleja de la dieta vegetal que garantiza longevidad.

La revista científica The Lancet acaba de encender las alarmas globales con una serie de revisiones que denuncian un cambio de paradigma de alimentación devastador. El informe, respaldado por 43 expertos internacionales, plantea una pregunta incómoda: ¿estamos presenciando el fin del modelo que llevó a la humanidad a su máxima longevidad?

Mientras el mundo mira con admiración el patrón de las Zonas Azules —donde la dieta es un 95% de origen vegetal y solo un 5% animal—, nuestras despensas sufren una "colonización" por productos diseñados no para nutrir, sino para facturar.

El marketing frente a la dieta natural

El informe de The Lancet es lapidario: la proliferación de ultraprocesados responde exclusivamente al afán de lucro empresarial, erosionando la salud global con una estrategia que recuerda a la industria del tabaco del siglo pasado. La OMS y UNICEF califican esta situación como una amenaza sistémica.

En las Zonas Azules (como Okinawa en Japón o Icaria en Grecia), la alimentación es simple y local. Por el contrario, en la dieta moderna predominan las "preparaciones industriales comestibles". Maira Bes Rastrollo, catedrática de la Universidad de Navarra, advierte que estos productos estimulan el apetito artificialmente. Mientras que en las comunidades más longevas el alimento es medicina, en el resto del mundo es una invasión métrica: en Estados Unidos, los ultraprocesados ya superan el 60% de la dieta diaria.

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El costo biológico: 12 patologías en ascenso

La evidencia científica recopilada entre 2016 y 2024 confirma que la dieta rica en azúcares y grasas nocivas —y pobre en la fibra que abunda en las Zonas Azules— dispara el riesgo de enfermedades crónicas.

El consumo recurrente se vincula directamente con: Obesidad y grasa visceral; diabetes tipo 2 e hipertensión; enfermedades cardiovasculares, renales y depresión.

A diferencia de los habitantes de las regiones más longevas, que mantienen su peso y vitalidad de forma natural, la sociedad moderna parece confiar su salud a fármacos de moda como los GLP-1 (Ozempic). Sin embargo, los científicos advierten: confiar en una droga para mitigar los efectos de una dieta de ultraprocesados es ignorar los daños químicos sistémicos a largo plazo.

Publicidad vs. Salud Pública

La industria utiliza materias primas económicas (maíz, soja, aceite de palma) para crear adicción. Solo en 2024, gigantes como Coca-Cola y Mondelez invirtieron 11.300 millones de euros en publicidad, cuadruplicando el presupuesto operativo de la OMS. Esta maquinaria no solo moldea el apetito, sino que bloquea regulaciones fiscales.

Hoy, solo el 14% de las intervenciones estatales se dirigen contra la industria; el resto intenta, infructuosamente, cambiar la conducta del individuo. El desafío es urgente: o recuperamos la esencia de las Zonas Azules —donde el alimento es real, vegetal y compartido— o permitiremos que el diseño industrial de la comida decida el destino biológico de nuestra especie.

Fuente: El País con aportes de +P

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