Cambio Climático

El cambio climático trae un nuevo problema a los viñedos: La fauna

Cambio climático altera ecosistemas vitivinícolas: Plagas, aves y mamíferos impactan cosechas y obligan a costosas adaptaciones.

El cambio climático está reconfigurando drásticamente los ecosistemas vitivinícolas a nivel mundial, generando una serie de desafíos económicos significativos. Más allá de las ya conocidas alteraciones en el ciclo de la vid y la composición química de las uvas, un nuevo y creciente problema emerge: la alteración del comportamiento de la fauna, que se traduce en nuevas plagas y daños por parte de aves y mamíferos. Este fenómeno impone costos adicionales a los productores y amenaza la rentabilidad y calidad de la producción de vino.

Las temperaturas más elevadas están provocando movimientos inesperados de especies animales. Insectos, aves y mamíferos aparecen ahora en viñedos en momentos o cantidades inusuales, lo que puede generar pérdidas económicas considerables. El aumento de las poblaciones de insectos perjudiciales es un claro ejemplo: inviernos menos fríos permiten su supervivencia y reproducción, incrementando la presión de enfermedades sobre las vides. Esto no solo afecta el trabajo en el campo, sino que repercute directamente en la bodega, al obligar a modificar el momento y la calidad de la vendimia, lo que puede alterar el perfil final del vino y, consecuentemente, su valor comercial.

En regiones vitivinícolas clave, ya se observan las consecuencias. En Margaret River, Australia Occidental, la proliferación de aves ha llevado a la instalación de costosas redes protectoras. Un caso emblemático es el de la drosófila de alas manchadas, una mosca originaria de Japón que daña las uvas y que, según una encuesta de WineGB en 2023, afectó a la mitad de los viñedos británicos consultados. En Estados Unidos, preocupa el aumento del cicadélido conocido como glassy-winged sharpshooter, transmisor de la enfermedad de Pierce, una bacteria devastadora que bloquea el transporte de agua en la vid y a menudo requiere el reemplazo de las vides infectadas, generando un alto costo de capital y pérdida de producción a largo plazo.

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Otro insecto problemático es el chinche apestoso marrón marmolado, que, aunque no daña directamente las vides, puede arruinar el aroma y sabor del vino si es triturado durante la vinificación, afectando la calidad del producto final y su valor de mercado. Investigaciones británicas sugieren que el calentamiento global podría favorecer su asentamiento en nuevas zonas vitícolas europeas.

Los mamíferos también están modificando sus hábitos. En Chianti Classico (Toscana), jabalíes y ciervos ingresan cada vez más a los viñedos en busca de alimento durante años secos. Algunos productores han reportado pérdidas de hasta el 30% de sus cosechas en años particularmente áridos como 2017 y 2021, lo que ha impulsado la inversión en vallas protectoras, un costo adicional significativo. Las aves siguen siendo una amenaza global: un estudio en Orange (Australia) reveló que pueden consumir hasta el 83% de una cosecha, y en EE. UU., los daños por aves se estimaron en 70 millones de dólares anuales en solo cinco estados productores en 2012. Los inviernos más suaves alteran las migraciones, manteniendo a especies como los estorninos cerca de los viñedos durante la maduración de la uva.

Ante estos desafíos, los productores están explorando soluciones innovadoras. En Paso Robles (California), viticultores como Stephy Terrizzi optan por cetreros para ahuyentar aves, una alternativa a las costosas y problemáticas redes plásticas. Un estudio en Nueva Zelanda demostró que introducir halcones puede reducir las pérdidas por aves hasta en un 95%.

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No todas las consecuencias son negativas. El aumento de temperaturas ha permitido que algunas especies de murciélagos amplíen su área geográfica. Un estudio de 2016 atribuyó un crecimiento del 394% en el área ocupada por el murciélago pipistrelle entre 1980 y 2013. En regiones como Alentejo (Portugal), bodegas como Esporão han observado un aumento de murciélagos insectívoros, que al consumir hasta dos tercios de su peso en insectos por noche (alrededor de mil insectos por hora), ayudan a controlar plagas sin el uso de productos químicos, lo que se traduce en ahorros y una producción más sostenible. Esporão fomenta su presencia instalando refugios y conservando hábitats naturales, logrando una reducción notable de plagas en zonas con mayor actividad de estos quirópteros.

La adaptación a estos cambios climáticos requiere una combinación estratégica de medidas tradicionales con soluciones basadas en procesos naturales, buscando mantener el equilibrio ecológico del viñedo. La inversión en nuevas tecnologías y la comprensión de la dinámica de la fauna serán cruciales para asegurar la viabilidad económica y la calidad de la producción vitivinícola en un escenario global de cambio climático.

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