Patagonia

Magnasco, la dinastía italiana que definió el queso argentino y dejó su huella en Patagonia

Una familia de inmigrantes italianos llegó en 1855 y cambió para siempre la industria láctea argentina. ¿Cómo terminó su nombre en la Patagonia?

En el mundo de los quesos argentinos, un apellido resuena con una autoridad que pocos pueden igualar: Magnasco. Detrás de ese nombre hay una historia de inmigración, trabajo, visión empresarial y una disputa simbólica que aún genera debate en la Patagonia. Todo comenzó en 1855, cuando tres hermanos —José, Luis y Fortunato Magnasco— desembarcaron en Buenos Aires provenientes de Santa Margherita, en la región de Liguria, Italia. Traían consigo poco más que determinación y la herencia de una cultura quesera milenaria.

Sus primeros pasos en el nuevo país fueron modestos: un comercio de distribución de productos de granja en la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, la operación creció con una velocidad notable. En pocos años, los Magnasco pasaron de ser distribuidores a productores, y la razón social Magnasco Hnos. se convirtió en una referencia ineludible dentro del sector lácteo nacional. Con apenas 5 empleados, la empresa inició la producción de quesos locales, entre ellos el queso Goya, uno de los primeros en comercializarse a escala en el país.

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Con más de 170 años de historia, los Magnasco consolidaron una dinastía empresarial que marcó la industria láctea argentina y estrechó sus vínculos con la Patagonia.

Con más de 170 años de historia, los Magnasco consolidaron una dinastía empresarial que marcó la industria láctea argentina y estrechó sus vínculos con la Patagonia.

La expansión que consolidó una dinastía

El salto decisivo llegó en 1890, cuando Luis Magnasco —sobrino del fundador y abuelo de los administradores que conducirían la empresa en el siglo XX— tomó las riendas del proceso de expansión. Bajo su conducción, la firma dejó de ser un emprendimiento familiar de escala reducida para convertirse en una empresa con alcance nacional. En 1913, Luis Magnasco y Cía. adquirió el control de La Tandilera, una planta quesera ubicada en la provincia de Buenos Aires que ya gozaba de reconocimiento en el mercado. La operación incluyó, en su momento de mayor esplendor, el arrendamiento de aproximadamente 70.000 hectáreas de campo con igual número de vacas Shorthorn lecheras.

La producción era, en gran parte, artesanal, pero a una escala que resulta asombrosa para los estándares de la época. La planta en Tandil se convirtió en un polo quesero de primer orden, donde convivían maestros queseros suizos e italianos con tamberos vascos, generando una variedad y una calidad de producto difícil de igualar en el país.

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El apellido Magnasco se transformó en sinónimo de queso en Argentina, aunque su mayor legado sigue ligado a una histórica disputa con raíces patagónicas.

El apellido Magnasco se transformó en sinónimo de queso en Argentina, aunque su mayor legado sigue ligado a una histórica disputa con raíces patagónicas.

El queso "Chubut": una marca que cruzó Patagonia

El episodio más resonante en la historia de los Magnasco, y el que establece su vínculo más directo con la Patagonia, ocurrió en el año 1900. Ese año, la empresa registró el nombre "Chubut" como marca comercial para su queso de postre semiduro, convirtiéndola en la primera marca de quesos registrada en la Argentina. El tipo de queso que definieron —pasta semidura, maduración de entre 30 y 50 días, sabor suave— se instaló en la cultura gastronómica argentina con tal fuerza que el nombre de una provincia patagónica pasó a designar un estilo de elaboración reconocido en todo el país.

Sin embargo, el origen real del producto es más complejo y más antiguo. El queso que los Magnasco registraron bajo esa denominación no nació en sus tambos de la pampa húmeda, sino en el Valle Inferior del Río Chubut, en el corazón de la Patagonia, como resultado directo de la colonización galesa iniciada en 1865. Según investigaciones académicas —entre ellas las del licenciado Leonardo De Bella—, la receta original del queso Chubut data de 1866, apenas un año después del desembarco de los primeros colonos galeses a orillas del Golfo Nuevo.

Esos colonos, que fundaron Rawson y luego Gaiman, crearon en 1885 la Compañía Mercantil del Chubut (Cwmni Masnachol Camwy en galés), una cooperativa con sede en Trelew y sucursales en toda la región. Dentro de sus actividades figuraba la administración de al menos 15 tambos en el valle inferior del río, y la producción de queso y manteca para el consumo regional. Fue en ese contexto productivo y cultural donde el queso Chubut tomó forma, mucho antes de que los Magnasco lo nombraran y lo registraran como marca propia.

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Un debate que persiste

La relación entre los Magnasco y el queso Chubut es, entonces, la historia de cómo una empresa de la pampa supo identificar, capitalizar y comercializar a escala nacional un producto que nació de la creatividad y el trabajo de una comunidad inmigrante en la Patagonia. Para algunos historiadores y especialistas, se trata de una apropiación simbólica; para otros, de una operación comercial legítima que le dio proyección nacional e internacional a un producto que, de otro modo, habría permanecido como una producción artesanal y local.

Hoy el queso Chubut continúa elaborándose de forma artesanal en Gaiman, a cargo de la Cooperativa Lechera de Gaiman (Colega), aunque la marca fue adquirida por La Serenísima. El producto original, con más de 100 años de historia certificada, conserva su proceso tradicional: fermentación lástica, calentamiento hasta los 40 °C, moldeo, prensado y salmuera durante 24 horas.

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Desde Buenos Aires hasta la Patagonia, la historia de los Magnasco combina inmigración, expansión empresarial y la polémica apropiación de uno de los quesos más emblemáticos del país.

Desde Buenos Aires hasta la Patagonia, la historia de los Magnasco combina inmigración, expansión empresarial y la polémica apropiación de uno de los quesos más emblemáticos del país.

Una familia, varias ramas, un legado compartido

El árbol genealógico empresarial de los Magnasco se ramificó con el tiempo. Conocidos en el sector como la "familia real de los quesos argentinos", sus descendientes fundaron y condujeron varias empresas del rubro. Una de esas ramas se radicó en Tandil, donde Atilio R. Magnasco tomó la gerencia de la planta local hacia 1940. En 1966, tras separarse de la firma principal, Atilio inició actividades agropecuarias propias y en 1993 inauguró la planta Don Atilio S.A., que hoy continúa la tradición familiar. Otra rama, los Biolcatti Magnasco, conduce Estancias La Dorita, una de las mayores productoras de leche del país.

La empresa matriz, Magnasco Hnos. S.A., opera actualmente bajo la conducción de la cuarta y quinta generación de la familia, con tambos en Córdoba y Santa Fe y una producción diaria de aproximadamente 75.000 litros de leche. Sus principales destinos de exportación fueron históricamente Estados Unidos, el Caribe y Brasil, con quesos como el Reggianito y el Provolone como productos estrella.

En un país donde la mayoría de las empresas familiares no sobreviven a la segunda generación, los Magnasco llevan más de 170 años en el mercado. Su historia es la de la inmigración italiana convertida en industria, y su legado más visible lleva el nombre de una provincia patagónica que ellos nunca habitaron, pero que supieron hacer propia.

FUENTE: Raíces Tanas con aportes de Redacción +P.

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