Europa

Europa se seca: la gran sequía que ya golpea a los alimentos, la energía y la economía

Ríos al mínimo, cosechas diezmadas y restricciones de agua anticipan una crisis que podría costarle al continente más de 50.000 millones de euros.

La gran sequía que azota Europa este verano ha dejado de ser únicamente una emergencia ambiental. La caída histórica de los caudales y de las reservas hídricas está desencadenando una cascada de efectos que alcanza a la agricultura, el transporte, la producción energética, el suministro de agua y, finalmente, a las perspectivas económicas del continente. El impacto a corto plazo podría superar los 50.000 millones de euros.

Millones de europeos afrontan por primera vez restricciones de agua en regiones poco acostumbradas a la escasez. El calor extremo ha agravado la situación: unas 25.000 personas habrían muerto por las altas temperaturas durante el verano, mientras varios países encadenan olas de calor y afrontan incendios y pérdidas agrícolas.

La agricultura se encuentra entre los sectores más golpeados. La producción de trigo de la Unión Europea y Reino Unido podría caer un 24%, con pérdidas estimadas para los productores de unos 2.000 millones de euros. Francia, Reino Unido, Alemania e Italia acumulan graves daños, mientras la falta de agua comienza a afectar también al transporte y a la industria.

Francia, bajo restricciones

Francia atraviesa una de sus peores crisis hídricas. El 70% del territorio sufre algún tipo de restricción y unos 40.000 habitantes de 80 municipios dependen de cisternas o botellas para abastecerse. Alrededor de 67 departamentos están en nivel de crisis, lo que reserva el agua para usos prioritarios y limita actividades como llenar piscinas, regar instalaciones deportivas o lavar vehículos.

Las precipitaciones han estado un 67% por debajo de la media y el 94% de las reservas de agua subterránea presenta niveles inferiores a lo normal. Más de un millar de cursos de agua han sufrido interrupciones de caudal o se han secado.

El Gobierno calcula que la combinación de sequía, incendios y olas de calor costará al país entre 10.000 y 15.000 millones de euros, hasta medio punto del PIB. El sector agrícola afronta un escenario especialmente delicado: la principal organización sindical del campo prevé una caída del 40% en la cosecha de maíz, que podría llegar al 70% en algunas zonas.

El Ejecutivo ha prometido ayudas de emergencia a los agricultores. “Ningún agricultor se quedará solo”, aseguró el primer ministro Sébastien Lecornu.

Reino Unido: ríos y embalses bajo mínimos

El 71,3% de Inglaterra se encuentra oficialmente en sequía después del julio más seco desde que existen registros, en 1836. Unos 45 millones de habitantes del Reino Unido viven en zonas declaradas en sequía y 27 millones afrontan restricciones, entre ellas la prohibición de utilizar mangueras.

Las autoridades preparan medidas para un “peor escenario razonable”, que podrían afectar a negocios y a usos considerados no esenciales. Solo el 14% de los ríos ingleses presenta caudales normales para esta época y el 22% registra niveles excepcionalmente bajos.

La agricultura también empieza a resentirse. Las cosechas se han recolectado antes que en cualquier otro momento de las últimas dos décadas y los ganaderos han tenido que recurrir a reservas de alimento previstas para el invierno porque los pastos no crecen.

El primer ministro británico, Andy Burnham, ha descrito la combinación de sequía y cinco olas de calor desde mayo como un “polvorín”.

Alemania: alimentos y transporte, bajo presión

En Alemania, la sequía ha provocado pérdidas de unos tres millones de toneladas de cereales y colza desde mediados de junio, equivalentes a unos 600 millones de euros de ingresos. Los agricultores prevén una cosecha de trigo y colza inferior a la media y advierten de que algunas regiones del sur podrían sufrir pérdidas totales.

La menor producción ya se refleja en los precios de productos como zanahorias, pepinos y pimientos. La escasez de forraje también ha obligado a algunos ganaderos a adelantar el sacrificio de animales.

El Rin, principal vía navegable alemana, registra niveles excepcionalmente bajos. Los barcos deben reducir sus cargas y parte del transporte de mercancías está siendo trasladado al ferrocarril y la carretera. Los transportistas advierten de posibles repercusiones en el suministro y el precio de combustibles como gasolina, gasóleo y queroseno.

La falta de agua afecta además a los acuíferos, de los que procede cerca del 70% del agua potable alemana. En algunas zonas del sur, los pozos privados se han secado y los servicios locales han tenido que recurrir a camiones cisterna.

Italia busca agua más allá de sus fronteras

En Italia, el epicentro de la crisis se ha desplazado al norte. La cuenca del Po registra caudales excepcionalmente bajos y los lagos alpinos, fundamentales para el riego, se encuentran bajo mínimos.

La situación ha llevado a Italia y Suiza a acordar un aumento temporal del caudal procedente del lago de Lugano hacia el lago Mayor. El agua llegará al Po a través del río Tresa para contribuir al riego de zonas agrícolas de Lombardía y Piamonte, incluidos los principales arrozales del país.

Los daños agrícolas ya superan los 3.000 millones de euros, según estimaciones de Coldiretti. En las zonas más afectadas, la cosecha de arroz ha caído un 40%, mientras también sufren el maíz, la soja, las frutas, las hortalizas y los forrajes.

A la falta de agua se suma otro peligro: el avance del agua salada desde el Adriático por la desembocadura del Po. La intrusión marina ya alcanza unos 20 kilómetros tierra adentro y ha obligado a cerrar canales para proteger cultivos.

Una crisis que trasciende al clima

La sequía europea amenaza con convertirse en un problema económico de primer orden. Un estudio de Triodos Bank estima que el coste para la Unión Europea podría alcanzar el 0,5% del PIB, con impactos mucho mayores en algunos países.

Agricultores que pierden cosechas, barcos que reducen su carga, centrales energéticas que afrontan problemas de refrigeración y consumidores que pagan más por los alimentos son distintas piezas de una misma crisis.

Mientras Europa espera lluvias capaces de aliviar la presión sobre sus ríos, acuíferos y cultivos, la magnitud de los daños deja una conclusión difícil de ignorar: la sequía extrema ya no pertenece a un futuro lejano. Es una realidad que está poniendo a prueba la capacidad del continente para gestionar un recurso cada vez más escaso.

FUENTE: El País de España con aportes de Redacción +P.

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