Temperaturas menores a -6°C bajo cero en Neuquén: un riesgo crítico para la producción frutal
Las bajas temperaturas registradas en San Patricio del Chañar, Centenario y otras localidades del Alto Valle coincidieron con etapas fenológicas delicadas.
La madrugada de este jueves dejó un saldo de temperaturas extremas en la región productiva del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, con registros que pusieron bajo seria amenaza la actual campaña frutícola. Según datos de estaciones meteorológicas instaladas en chacras y áreas rurales, las mínimas oscilaron en los -5°C y –6 °C, con descensos de hasta –6,5 °C en sectores depresivos donde el frío se asienta con más fuerza.
Las localidades de San Patricio del Chañar y Centenario, Neuquén, se encuentran entre las más comprometidas. La intensidad y duración del evento se combinaron con una humedad relativa elevada, la que en muchos casos llegó al 100% a las 7 de la mañana. La situación generó condiciones de congelamiento severo y alta probabilidad de daños fenológicos.
Las fotografías tomadas en la mañana de la presente jornada muestran con total crudeza el impacto de las bajas temperaturas sobre las explotaciones frutícolas en toda la zona de Centenario y San Patricio del Chañar.
Actualmente, los frutales de carozo (duraznos, ciruelas y cerezas) en las regiones productivas de Neuquén y Río Negro se encuentran entre las fases de cáliz visible y flor abierta. En estas etapas, los umbrales críticos de daño rondan los –2 a –3 °C. Con valores cercanos a los –6 °C, es altamente probable que se registren necrosis en pistilos, deshidratación de flores y pérdida de tejido reproductivo. Los productores deberán esperar la caída de pétalos y el inicio del cuajado para cuantificar el nivel de pérdidas.
En el caso de los almendros, la fenología observada corresponde a inicio de floración. Para esta especie, los daños se producen a partir de –1,5 °C, con pérdidas totales cuando las mínimas se ubican por debajo de los –3 °C. Por lo tanto, el evento de la madrugada prácticamente asegura un nivel de afectación generalizado.
Las frutas de pepita, como peras (D’Anjou y Williams) y manzanas (Pink Lady), muestran yemas en expansión, aún sin apertura total. Los umbrales críticos de daño en estas fases se ubican entre –2 y –4 °C, dependiendo de la variedad. Aunque la floración no se encuentra avanzada, la exposición a valores inferiores a –5 °C podría condicionar la viabilidad de yemas y el posterior rendimiento de la temporada.
Impacto económico y productivo
La producción frutícola en el Alto Valle de Neuquén y Río Negro constituye uno de los principales motores económicos de la región. La ocurrencia de heladas intensas en etapas tempranas del ciclo fenológico aumenta de manera significativa el riesgo de pérdidas. A nivel estimativo, se prevé que los daños podrían comprometer miles de toneladas de fruta destinadas tanto al mercado interno como a la exportación, aunque la cuantificación precisa se conocerá recién en las próximas semanas.
La magnitud del impacto dependerá de la heterogeneidad microclimática de cada chacra, el estado de desarrollo fenológico puntual y la eficiencia de las medidas de defensa implementadas.
Las estrategias de control activo –aspersión, ventilación mecánica y calefactores– fueron utilizadas de manera intensiva durante la madrugada. Sin embargo, los técnicos coinciden en que con registros inferiores a –6 °C el nivel de protección es parcial. La capacidad de mitigación varía entre un 30 y un 60%, lo que implica que una fracción significativa de flores y yemas igual resulta afectada.
En contraste, las chacras que dependen de medidas pasivas –como cortinas forestales, ubicación estratégica del monte o selección varietal– quedaron expuestas a daños de mayor magnitud. Estos sistemas no ofrecen respuesta inmediata frente a eventos tan extremos.
Perspectivas a corto plazo
Los pronósticos meteorológicos anticipan la continuidad de condiciones frías en la región, inclusive en la madrugada de mañana viernes, lo que obliga a mantener la alerta máxima. El seguimiento fenológico y las evaluaciones de campo durante los próximos 10 a 15 días serán determinantes para establecer el nivel real de daño en cada especie y variedad.
Los especialistas recomiendan realizar un monitoreo intensivo de brotes y flores para detectar síntomas tempranos de necrosis, deshidratación o caída anormal. Esta información permitirá ajustar proyecciones de rendimiento y tomar decisiones de manejo en pos de mitigar el impacto económico de la campaña.
Fuente: Redacción +P.
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