¿Qué hace único al Château d'Yquem? Historia y variedades del rey de los vinos dulces
Solo una decena de botellas autenticadas sobreviven. Una de ellas, nacida en el "año del cometa", busca nuevo dueño por 60.000 euros.
Solo una decena de botellas autenticadas del vino Château d'Yquem 1811 se conservan en el mundo. Una de ellas saldrá a la venta el próximo 31 de mayo en una subasta organizada por la casa Farran Enchères, cerca de Montpellier, con una puja inicial de 60.000 euros.
El ejemplar pertenece a la cosecha que marcó un hito en la historia de la viticultura y que en su momento estableció el récord de la botella de vino blanco más cara del planeta.
El año del cometa y una vendimia irrepetible
La cosecha de 1811 ocupa un lugar singular en la memoria colectiva del vino. Ese año, el paso de un cometa visible a simple vista le otorgó el nombre con el que se le recuerda hasta hoy: el "año del cometa".
Las condiciones meteorológicas de aquella temporada favorecieron una maduración excepcional de la uva en varias regiones de Europa, y Sauternes, en Burdeos, no fue la excepción. Los vinos producidos entonces adquirieron una capacidad de guarda extraordinaria, característica que los ha convertido en piezas de referencia para coleccionistas e historiadores del vino por igual.
El único Premier Grand Cru blanco de Burdeos
La bodega responsable de este ejemplar no es cualquiera. Château d'Yquem ostenta el título de único vino blanco clasificado como Premier Grand Cru en la célebre clasificación de 1855, distinción que ningún otro blanco bordelés ha logrado igualar.
Su reputación se apoya en la longevidad demostrada de sus botellas y en la coherencia con la que ha mantenido su prestigio a lo largo de generaciones. En el caso particular del 1811, los especialistas estiman que apenas sobreviven alrededor de diez botellas autenticadas, lo que convierte cada aparición en el mercado en un acontecimiento extraordinario.
La última cata documentada de este vino data de 1998, cuando el reconocido crítico Michael Broadbent describió un ejemplar con notas de frambuesa y crema, con notable profundidad y un final seco. Esa referencia, ya de más de dos décadas, sigue alimentando la curiosidad de quienes aspiran a conocer qué queda de un vino nacido hace más de dos siglos.
Historia de la botella
El ejemplar que llega ahora al mercado tiene una historia propia. Perteneció a la colección del sumiller Christian Vanneque, antiguo responsable de sala en el legendario restaurante La Tour d'Argent, en París. Vanneque adquirió la botella en 2011 a través de The Antique Wine Company por 117.000 dólares, suma que le valió el reconocimiento en los Guinness World Records como la botella de vino blanco más cara del mundo en el momento de la transacción.
Antes de presentarse ante los postores, el ejemplar fue examinado en el propio château y certificado como auténtico por la institución, según informó la casa subastadora. El estado de conservación refleja el paso del tiempo con honestidad: el nivel del vino se encuentra bajo en el cuello, la etiqueta muestra el desgaste propio de más de dos siglos, y la cápsula original fue renovada en algún momento de su historia. La botella, soplada a boca según la técnica habitual de la época, conserva así uno de los rasgos que permiten situarla en su contexto histórico.
Dos perfiles de comprador frente a una pieza única
La subasta del 31 de mayo apunta a atraer tanto a coleccionistas como a compradores con intereses más experienciales. En este tipo de lotes suelen confluir dos perfiles bien diferenciados: quienes buscan preservar una pieza de valor histórico y patrimonial, y quienes desean abrirla para constatar, en primera persona, qué subsiste de un vino elaborado hace más de 215 años.
Sea cual sea la motivación del futuro propietario, la aparición de una botella de Château d'Yquem 1811 en el mercado representa uno de esos momentos escasos en los que la historia del vino y el mercado de coleccionismo convergen en un único objeto.
FUENTE: Vinetur con aportes de Redacción +P
En esta nota











