Innovación frutal: los nuevos duraznos del INTA ya llegan al mercado local
Tres nuevas variedades de durazno desarrolladas por el INTA San Pedro comenzaron a llegar al mercado tras años de investigación y pruebas en campo.
Después de años de investigación, ensayos y trabajo conjunto con el sector productivo, tres nuevas variedades de duraznos desarrolladas por el INTA San Pedro comenzaron a llegar al mercado y al consumidor. Se trata de Tehuelche INTA, Chamamé INTA y Rosalinda INTA, cultivares que se destacan por su color, tamaño y adaptación a las condiciones productivas del noreste de la provincia de Buenos Aires, una de las principales zonas frutícolas del país.
La llegada comercial de estas variedades, que se concretó en noviembre de 2025 de la mano de un productor local, representa un hito dentro de un proceso largo y complejo. Las tres forman parte de un registro de 30 cultivares de duraznero realizado por el INTA San Pedro en 2017, cuyos nombres evocan la identidad nacional a través de referencias a bailes populares, comunidades originarias, ríos y mujeres relevantes de la historia argentina. Este enfoque no es casual: busca reforzar el carácter local de materiales genéticos pensados y desarrollados para responder a las necesidades productivas de la región.
Un desarrollo que demanda tiempo e innovación
Gerardo Sánchez, investigador del INTA San Pedro, explicó que el desarrollo de una nueva variedad frutal es una tarea que exige paciencia y planificación a largo plazo. “En fruticultura, el desarrollo de una variedad hasta su registro demanda al menos 15 años. Hoy, las herramientas de biotecnología permiten acelerar algunas etapas, ya que es posible prever el comportamiento de la fruta a partir de su composición molecular. Sin embargo, lograr que una variedad llegue efectivamente al mercado requiere, igualmente, varios años más”, señaló.
El camino hacia la inserción comercial comenzó a consolidarse en 2021, cuando el INTA firmó un convenio de cooperación con la Cámara de Productores y la Cámara de Productores y Empacadores de la zona norte de Buenos Aires. A partir de ese acuerdo, se invitó a los productores locales a probar e incorporar los nuevos materiales en sus establecimientos. Según detalló Gabriel Valentini, investigador del INTA San Pedro, cuatro empresas instalaron cinco plantas de cada uno de los 30 cultivares para evaluar su comportamiento agronómico, mientras que otras dos optaron por una modalidad que permitía implantar montes a escala comercial.
Actualmente, el 80 % de las variedades cultivadas en el noreste bonaerense corresponde a materiales introducidos, evaluados o registrados por el INTA San Pedro desde el inicio de sus actividades en fruticultura. El desafío actual es renovar ese listado, incorporando variedades que integren los aprendizajes acumulados durante décadas de investigación y experiencia productiva en la región.
Del campo a la góndola: la apuesta de los productores
En este contexto, uno de los productores decidió asumir el riesgo y apostar por la renovación de su monte frutal con cultivares nuevos. No se trata de una de las empresas más grandes del sector, sino de un productor que necesitaba renovar sus plantas y optó por materiales desarrollados localmente, priorizando atributos clave como la fecha de cosecha, las características de la planta y, especialmente, el color y el tamaño de la fruta, factores determinantes para la aceptación en el mercado.
Desde el equipo técnico del INTA explicaron que el tiempo es un factor central para comprender por qué la llegada de nuevas variedades al consumidor no es inmediata. “Para que una nueva variedad llegue al mercado, primero los productores deben elegirla. Luego deben producirse las plantas, que no existen en stock, sino que se generan de acuerdo con la superficie a implantar. Finalmente, una vez en el campo, hay que esperar entre dos y tres años para obtener la primera cosecha”, detallaron.
La aparición en góndola de Tehuelche, Chamamé y Rosalinda no solo amplía la oferta de duraznos para el consumidor, sino que también refleja el valor estratégico de la investigación pública aplicada al desarrollo productivo. Estas variedades son el resultado de una apuesta sostenida por la innovación, la identidad local y la articulación con los productores, elementos clave para fortalecer la fruticultura regional y avanzar hacia sistemas más competitivos y adaptados a las condiciones del territorio.
Fuente: INTA con aportes de Redacción +P.
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