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"La faena bovina se reduciría alrededor de 10% en 2026"

Georges Breitschmitt, titular del IPCVA, aseguró que la menor disponibilidad de hacienda y la retención explican la caída de faena prevista para el próximo año.

Georges Breitschmitt es productor agropecuario en Rojas (Buenos Aires), estudió Economía, tiene un máster en Finanzas en Barcelona y desde este año es presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) en representación de la gremial Coninagro. En esta entrevista con +P se refirió al estado de la cadena de la carne en la Argentina, la faena y las perspectivas para 2026, y abordó cuestiones ríspidas, como la barrera patagónica, las asimetrías entre frigoríficos exportadores y consumeros, la vacunación contra la aftosa y hasta los cuestionamientos al IPCVA, además de la situación con Estados Unidos y China en materia de exportaciones de carne.

—El stock vacuno nacional lleva tres años de retrocesos, la producción de carne es similar a la de 2024 y la faena de hembras aumentó en proporción. ¿Cree que hay un proceso de liquidación del rodeo?

—Creo que el gran tema con la caída del stock vacuno fue la sequía de tres años que tuvimos, pero yo no hablaría de liquidación. Vemos que la faena de hembras porcentualmente no ha hecho este año picos de alrededor del 50 %, como ocurrió en mayo y junio del año pasado, y a la vez el peso promedio de los animales que se faenan es un poco mayor al de 2024.

—Hace unos meses, el analista Ignacio Iriarte señaló en +P que, si bien los indicadores del negocio a corto y mediano plazo son positivos e invitan a retener hacienda e invertir, los precios de la hacienda a la vez son tan altos que tientan a vender. ¿Perciben esto?

—Sí. Recién veía unos remates en Santiago del Estero y había precios que no se entiende cómo se están pagando. Y es así, se encuentran las dos fuerzas. Hay productores que vienen más holgados y aprovechan la situación para invertir en tecnificarse, y otros que ven un poco un bálsamo y prefieren hacerse de la plata y después ver qué hacen, pero se informan. Hay una cuestión de suma cero también: lo que se está transaccionando ahora no está dejando crecer el stock. Pero, en concreto, yo no hablaría de liquidación.

—¿Y qué perciben en las jornadas a campo del IPCVA por parte de los productores?

—En general, los campos que elegimos siempre superan un poco la norma, aunque sin irse a niveles estrambóticos como los de empresarios que llegan a la ganadería con grandes sumas provenientes de otros negocios. Este año vimos un productor en una zona semiárida que logró pasar de tener una vaca en 30 hectáreas a una vaca en 15 hectáreas, invirtiendo en llevar agua a los potreros, en rolado, en siembra de algunos pastos, y también le encontró la vuelta haciendo ciclo completo y con carnicerías propias. Después, en Entre Ríos y en Corrientes, estuvimos con mucha gente que hace énfasis en el manejo, la inseminación, la eficiencia del engorde, el agua, las pasturas y todo ese tipo de cosas. La aplicación de tecnología es algo más infrecuente en ganadería que en agricultura. Y la gente toma bien las jornadas; un poco el mensaje hacia el IPCVA es que informemos más sobre temas productivos, sobre temas de mercado, sobre actualidad y cosas para mejorar el negocio.

—¿Sobre qué buscan información los productores?

—En cada jornada a campo, para poner un promedio, participan unas 500 personas. De todos los rubros: algún consignatario, algún veterinario, algún asesor de campos, pero generalmente más productores. Se abordan temas técnicos, pero este año con el IPCVA también fuimos mucho con información más dura, como lo que se venía con el reglamento de deforestación de la UE, por ejemplo. Para que la gente vaya conociendo, porque no hay mucha información para el productor de a pie en esto. Cuando hacés la pregunta de quién está al tanto de este tema, son muy pocas las manos que se levantan, y casi no conocen lo que implica para vender sus terneros o sus gordos la parte administrativa que demanda, más allá de que estén de acuerdo o no. Todavía falta información, y es un poco el objetivo para el primer semestre del año que viene machacar con esto, porque por más que la UE haya postergado el reglamento, hay una revisión en abril.

Menor faena impacta en la mano de obra

—Termina 2025 y hay plantas exportadoras que adelantaron vacaciones y pararon la faena, o faenan menos días de la semana, alegando que las complica la escasez y el alto precio de los novillos, y también competir con los frigoríficos de consumo interno, que tienen costos y exigencias sanitarias, ambientales y de todo tipo mucho menores. ¿Cómo ve este tema?

—La discusión entre frigoríficos de exportación y frigoríficos de consumo es larga. Está pendiente el tema del troceo en lugar de la distribución de la media res; hubo una iniciativa hace unos años y luego quedó en nada. No creo que resolvamos este tema en 2026. Desde el IPCVA le queremos poner fichas a la cuestión de la calidad, la tipificación, para empezar a unificar eso. El frigorífico de exportación privilegia la calidad, va a respetar todos los tiempos de frío y demás para poder exportar, y en el consumo muchas veces se faena el animal y, al ratito, está arriba del camión repartiéndose. En la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario se está haciendo un trabajo muy fuerte en lo que son los controles a los frigoríficos. Algo que se estaba queriendo reflotar este año, pero pasó para el próximo, es lo de los controladores fiscales.

—¿Cómo cierran los números del sector en 2025 y qué se espera para 2026?

—Este año el consumo interno per cápita rondará los 52 kilos, y las exportaciones, las 900.000 toneladas equivalentes res con hueso, con una faena de cerca de 13,5 millones de cabezas. Para 2026 estamos previendo que la faena se retraiga a 12 millones de animales.

—Una caída de 1,5 millones de cabezas es muy significativa… ¿A quién se espera que le impacte más: al mercado interno o a la exportación?

—Muy buena pregunta… Hay que ver si la gente quiere hacer novillos gordos. Pero pensamos que la caída en la producción de carne no va a ser proporcional a la de la faena, porque estimamos que los animales se van a enviar con más kilos.

ganadería hereford
El sector ganadero se prepara para un 2026 con menos faena y cambios en la estrategia productiva.

El sector ganadero se prepara para un 2026 con menos faena y cambios en la estrategia productiva.

—Pero eso requiere inversión por parte de los productores, ¿no?

—El Gobierno lanzó allá por julio, en la época de La Rural, los créditos valor producto, de la mano del BICE. En ganadería, puntualmente, se había puesto un cupo de 8.300 millones de pesos para inversiones en retención, pasturas y aumento de la producción de carne bovina. En octubre ya se habían otorgado 3.500 millones de pesos. Y de hecho ya se ve que están rematando animales de 220 kilos, cuando antes la invernada la remataban con 180 kilos. Este año hay pasto, al contrario que en los últimos tres años de seca. Acompañó el agua, y pienso que, agronómicamente, hay más factores positivos que pueden ayudar a mejorar esa ecuación. Así que creo que los kilos por animal faenado van a aumentar.

—El presidente Milei dijo que Estados Unidos cuadruplicaría la cuota de carne libre de aranceles que le compra a la Argentina, hoy de 20.000 toneladas anuales. ¿Hay precisiones sobre si serían 80.000 toneladas y cuándo entrarían en vigencia?

—El acuerdo con Estados Unidos se viene manejando bajo siete llaves, nadie quiere comentar nada. Las toneladas, por lo que me indican los exportadores, serían 80.000 suplementarias a las 20.000 actuales, o sea, 100.000 en total. Todo el mundo especulaba con que el acuerdo se iba a cerrar este diciembre; ahora en los pasillos se escucha que puede ser durante el primer trimestre de 2026. Estamos esperando a que se firme para empezar a hacer actividades de promoción en Estados Unidos.

El dilema de China

—China, el principal mercado externo de la Argentina, en los últimos meses está ofreciendo por la carne precios que los frigoríficos califican de “ridículos”, y está por imponer salvaguardas. ¿Qué se proyecta en cuanto a este mercado?

—Con el tema de la salvaguardia, todo el mundo está especulando sobre qué va a pasar. En noviembre estuvimos en la feria CIIE (China International Import Expo), y el tema de quién se hacía cargo del arancel que ponga el gobierno chino frenaba los embarques. Si bien China postergó la decisión para el 26 de enero, nos llegó información de que no necesariamente van a esperar a esa fecha para comunicar lo que resuelvan. Lo que sí está claro es que la medida que tomarán va a ser una cuota por país, considerando la performance exportadora para establecer las toneladas; se pidió que sea holgada, para no entorpecer el comercio; posiblemente dure tres años. Y lo que vaya por fuera de cuota va a tener un arancel superior, justamente para dar respuesta a sus productores locales.

—China representa este año alrededor del 70 % del volumen de carne que exporta la Argentina, y compra básicamente carne de vacas de conserva y manufactura. ¿Qué mercados alternativos hay para esa mercadería?

—Antes, mucho de lo que va a China iba a Rusia. Eso se fue redireccionando, porque el mercado es dinámico. Si se abren las 100.000 toneladas de Estados Unidos se va a reconfigurar el mercado y muy probablemente se redireccionará hacia allí algo del volumen de China. De hecho, ya se están logrando mejores precios allí. Por otro lado, en la agenda 2026 vamos a seguir trabajando para terminar de abrir mercados que pueden llegar a mover el tablero, aunque no de un año para el otro: Indonesia, Japón, Corea. Vietnam también. A fin de enero estamos yendo a Dubái, aunque es más un mercado de calidad. Así que estamos tratando de diversificar en el mundo, no tener tanta dependencia, que no es bueno, por razones lógicas.

—¿La promoción que hacen en China es para posicionar cortes de calidad?

—Sí. Para dar una idea, de las más de 300.000 toneladas que van a China por año, solo 2.000 son de carne de alta calidad: nada. Eso es lo que se busca agrandar, de a poquito. Para el año que viene, tenemos previsto hacer mucha más promoción dentro de China, salir de lo que es Shanghái y Beijing, ir a otras ciudades. También hay mercado de calidad en Israel, con el kosher, y en Europa, básicamente. En Estados Unidos hay una idea de crecer con cortes también, para lo que es restauración, pero casi el 80 % de la carne que consumen son productos elaborados, básicamente, hamburguesas.

Ganadería china
China sigue concentrando cerca del 70 % de las exportaciones, pero presiona con precios bajos y analiza nuevas salvaguardas.

China sigue concentrando cerca del 70 % de las exportaciones, pero presiona con precios bajos y analiza nuevas salvaguardas.

—¿Qué piensa de la flexibilización de la barrera patagónica, que generó tanta resistencia este año?

—Como IPCVA, no entramos en la discusión; se da dentro de las gremiales del campo, que tienen los dos lados de la biblioteca: los que están en el Norte quieren que se abra, los que están en el Sur, que no se toque la barrera. Lo que sí sugeriríamos nosotros es que estas cosas deben hacerse con previsibilidad, con tiempo y, obviamente, con algún consenso. El resumen sintético de la situación es que el gran beneficiario de esto fue el consumidor patagónico, y el gran perjudicado, los frigoríficos de la zona y los productores.

—¿Cree que hay que dejar de vacunar contra la aftosa? Porque Uruguay tiene el estatus de “libre de aftosa con vacunación” de la OMSA, y sin embargo accede a los mercados más difíciles, como Japón y Corea.

—Bueno, pusiste el dedo en la llaga, porque es el reclamo que nos hacen a nosotros. Nos dicen: “¿Pero por qué ustedes tienen dos estatus sanitarios?”. Nosotros defendemos que libre es libre. Con o sin vacunación, es libre de aftosa. En lo personal, creo que hay que ir hacia una racionalización de la vacunación, no sobrevacunar, pero hoy en día un brote de aftosa te puede llegar a salir mucho más caro que la vacunación. Lo que sí defendemos es que tenemos el estatus sanitario aprobado en la OMSA, y que libre es libre.

—En los últimos tiempos se escucharon cuestionamientos fuertes al IPCVA. ¿Por qué el IPCVA debe existir?

—Muchas veces se usan argumentos contra el Instituto que no tienen peso, como que perjudica al costo de la carne, lo que no tiene sentido porque son centavos. Creo que es un problema no hacer llegar bien en detalle qué es lo que hace el IPCVA y los beneficios que le da a la cadena. Cada país tiene su instituto semejante y se financia de la misma manera: el INAC de Uruguay, la ABIEC de Brasil, el MLA de Australia, el Beef Checkoff de Estados Unidos. El IPCVA tiene un presupuesto anual del orden de los 12 millones de dólares. El de Uruguay tiene 29 millones de dólares, el MLA cerca de 200 millones, con oficinas también en varios lugares del mundo. O sea, de no existir, se estaría dejando terreno libre en todo lo que respecta al mercado internacional, y en el mercado interno también, porque trabajamos con nutricionistas, pediatras, el tema del deporte, las charlas y jornadas a campo, los jóvenes, un montón de cosas para seguir manteniendo el consumo. Y después está el aspecto más duro: todo el tema de las compulsas técnicas, que son trabajos de investigación que financia el IPCVA, donde hay temas más sofisticados de sanidad, de producción, de monitoreo de metodologías de engorde, en fin. Hay un montón de temas. Básicamente, los detractores del Instituto son algunos productores y matarifes que, a mi entender, son las famosas minorías ruidosas.

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