Granizo y tornado arrasan el corazón frutícola de Sudáfrica en plena cosecha
Un fenómeno inédito en Langkloof deja pérdidas de hasta el 100% en peras Forelle y golpea de lleno la temporada de exportación sudafricana.
En el momento más intenso de la cosecha de peras y manzanas en el valle de Langkloof, en Sudáfrica, una tormenta de granizo acompañada de lo que los residentes describen como un tornado arrasó el sector oriental de la región el pasado jueves por la tarde. El fenómeno golpeó con especial dureza las zonas de Krakeel y Louterwater, dejando a su paso pérdidas devastadoras en cultivos que se encontraban a tan solo semanas de ser recolectados y exportados.
La tormenta sorprendió a los productores en plena recolección de variedades clave como Royal Gala, Packham y, especialmente, Forelle, considerada una de las frutas de mayor valor comercial cultivadas en Langkloof. La fábrica de jugos Granor Passi abrió durante el fin de semana para recibir miles de cajas de fruta caída o con daños leves, en un intento por mitigar parcialmente el impacto económico que enfrentan los agricultores.
Daños de hasta el 100% en las zonas más afectadas
Los daños provocados por el viento fueron particularmente severos. Incluso bajo las mallas de protección, muchas peras Forelle maduras —que colgaban listas para su cosecha— terminaron desprendidas de sus tallos. “Las zonas donde cayó granizo sufrieron muchos daños. Estamos hablando de alrededor del 50% al 100%. Solo faltaban dos o tres semanas para cosechar las Forelle”, explicó Johan Kotzé, de Dutoit Agri, reflejando la magnitud de las pérdidas.
La situación es igualmente preocupante para otras variedades. “Acabábamos de empezar con las Packhams”, señaló Marius van der Westhuizen, de Southern Fruit Growers. “La cosecha de Royal Gala no ha hecho más que empezar; con diferencia, la mayor parte de la fruta estaba aún en los árboles. Los exportadores van a acusar mucho la pérdida de esa fruta”. En su explotación cercana a Joubertina, Van der Westhuizen estima que los daños alcanzaron en promedio el 87%. Sin embargo, en sus fincas situadas en Misgund y Haarlem no se registraron afectaciones, lo que evidencia el carácter localizado pero extremadamente violento del fenómeno.
El recuerdo de la campaña 2024 sigue fresco entre los productores, cuando múltiples episodios de granizo afectaron en mayor o menor medida a todas las plantaciones del valle. Sin embargo, lo ocurrido la semana pasada marca un precedente distinto. Los residentes coinciden en que nunca antes habían presenciado un tornado en la zona. Desde el incidente, los servicios meteorológicos han reiterado advertencias sobre posibles tornados, aumentando la preocupación en la comunidad agrícola.
“En mis 33 años en Twee Riviere, nunca había vivido un tornado”, relató Adriaan Botha, vecino del lugar. “Es algo fuera de lo habitual. La lluvia vuela, resplandeciente de blanco, completamente horizontal, a más de 100 km/h. Mientras ocurre, te das cuenta de que es algo totalmente nuevo para ti. Hasta más tarde no comprendes que ha sido un tornado”. Sus palabras describen la mezcla de desconcierto y temor que acompañó al fenómeno.
Una temporada prometedora truncada por el clima extremo
Más allá de la pérdida inmediata de fruta, el impacto económico podría ser profundo. La temporada de exportación se perfilaba como especialmente prometedora, impulsada por una demanda internacional sólida. Aunque el fortalecimiento de la moneda local restaba algo de competitividad, el volumen y la calidad proyectados generaban optimismo hasta bien entrado diciembre. Ahora, ese panorama se ha transformado radicalmente.
Las consecuencias no se limitan a los huertos. Las industrias vinculadas —empaques, cámaras de frío y transporte— también resentirán la merma en el volumen exportable. Un productor señaló que, si bien la industria del jugo ofrece una salida alternativa, no cubre ni la mitad de los costos promedio de producción. Representa algún ingreso, siempre y cuando la fruta no esté excesivamente dañada, pero está lejos de compensar las pérdidas de una cosecha destinada al mercado fresco de exportación, donde los márgenes son considerablemente mayores.
Kotzé advierte que aún es imposible cuantificar con precisión el impacto total. Antes de la tormenta, los agricultores ya enfrentaban desafíos derivados de la acumulación de horas de calor y la reducción del riego, a medida que los embalses de las fincas comenzaban a vaciarse tras meses sin lluvias significativas. El crecimiento de la fruta se había ralentizado, aunque el follaje permanecía verde, alimentando la esperanza de una cosecha sólida.
Paradójicamente, el tornado y el granizo trajeron consigo entre 20 y 40 milímetros de lluvia, una cantidad bienvenida en una región donde no llovía desde hacía meses y las reservas de agua estaban en niveles críticos. Sin embargo, el alivio hídrico llegó acompañado de un costo altísimo para una de las zonas frutícolas más importantes del país.
Mientras los productores evalúan daños y reorganizan sus planes de cosecha, Langkloof enfrenta ahora el desafío de recuperarse no solo de una tormenta devastadora, sino también de la incertidumbre climática creciente que amenaza la estabilidad de su principal motor económico.
Fuente: Fresh Plaza con aportes de Redacción +P.
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