Nadie controla y millones de kilos de alimentos son arrojados al mar
Sin inspectores, ni cámaras, barcos pesqueros arrojan por las bocas de tormenta toneladas de merluza fresca al mar. La diferencia de precio con el calamar es del 370%.
Ya muertos los peces caen al mar. Son miles. Millones. Son toneladas de alimento que se desperdician en un país donde aún duele la pobreza. Por las bocas de tormenta de los barcos pesqueros se precipitan cascadas de merluza al agua. Los marineros se tropiezan con ellas y las pisan. Todo ocurre fuera de la mirada de quienes deben controlar, sin inspectores a bordo de las naves como marca la Ley, y aún más lejos de toda mirada y análisis político sobre una práctica obscena. Solo testigos directos de esos excesos, como los marineros, permitieron a la sociedad tener detalles de lo que ocurre en alta mar.
Hay una denuncia penal y hay un video que circuló en el mundo de la pesquería Argentina que refleja la situación. “Es lo mismo que pasó en el golfo San Matías”, dice una fuente vinculada a la ciencia que analizó las imágenes. En aquel momento el langostino se cotizaba casi a 11 dólares la tonelada y la merluza era un descarte.
La denuncia
Fue el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), quien denunció los excesos que se estarían cometiendo arriba de dos buques ante la Justicia Federal de Mar del Plata por “prácticas ilegales de depredación de la fauna marina”, a partir de “órdenes impartidas por la empresa”, cuyo propietario es el empresario Luis Santander, quien brindó insólitas explicaciones a una radio de Chubut.
Como los capitanes insistían con la orden de solo pasar a bodega el calamar y arrojar el resto al agua, los marineros desobedecieron y se declaró a bordo un “motín”, en el más acabado sentido técnico del término.
El sindicato denunció que los marineros habían sido “obligados, bajo amenazas de despido” y de ser desembarcados “de oficio”.
En el escrito elaborado por los abogados del SOMU, se destaca que este accionar “produce un daño directo al recurso pesquero, en particular a especies vulnerables cuya protección debe ser respetada al máximo”, y agregaron que “se pone en riesgo la sustentabilidad del recurso y el futuro de la actividad pesquera, afectando a toda la comunidad marítima”.
Lo mismo pasó en el golfo
“Hay merluza de todo tamaño, hay mucha merluza de tamaño comercial ahí, comparándolo con la pierna del pescador”, dijo un investigador consultado por +P luego de analizar las imágenes.
Durante el período 2017 a 2021, por cada kilo de langostino capturado se descartaban hasta 5 kilos de merluza en las aguas de Río Negro. El stock cayó de unas 50.000 a 20.000 toneladas de merluza. Y eso derivó en que, desde el año 2023, se encuentre vigente la emergencia pesquera en la provincia.
“Lo que pasó acá en el golfo en parte ha sido eso. O sea, muchos miles de toneladas se tiraron por las bocas de tormenta de los barcos, privilegiando quedarse con lo que tenía más valor, que era langostino”, dijo la fuente consultada. Y agregó que “eso ocurrió durante muchos años seguidos y a escala de capturas muy significativas y terminó en el año 2021”.
El "Mono"
El SOMU además presentó una actuación administrativa ante la Prefectura Naval Argentina, por los hechos registrados en los barcos “NDDANDDU” y “Marlene del Carmen”, pertenecientes al mismo grupo del empresario Luis “Mono” Santander.
Entrevistado en LU20, radio de Chubut, Santander admitió que “el barco había salido a pescar merluza y calamar, y si viene mayor cantidad de calamar, se prioriza el calamar para bajarlo a la bodega, es tan simple como eso”. Luego se hizo una serie de preguntas que dejan en evidencia cierto desconocimiento de le legislación: “¿Qué dice la ley de pesca? ¿Qué dice lo que vos podés traer y lo que vos no podés traer? ¿Qué dice sobre el descarte? ¿Quién está haciendo una matanza?”.
Luego admitió: “En alta mar se descarta, siempre se descarta. No es que vos agarres y tirás todo lo comercial, porque lo comercial lo traes, y esto es así de hace treinta años”. Para Santander, “acá no hay nada que inventar y no hay nada para sorprenderse. Que no salgan muchas cosas para afuera no quiere decir que los que vivimos de la pesca no nos sorprendamos por algunas cosas. Para mí es normal esto”.
Conocida la denuncia, y atento la crudeza de las imágenes, la secretaría de Pesca de Chubut tomó la decisión de quitarle las 1.000 toneladas de cuota social asignadas al buque para 2026 y solicitar al Consejo Federal Pesquero que deje sin efecto esa asignación.
O sea, el “Nddanddu” de Santander se hizo a la mar para recolectar merluza, pero como el calamar vale más, descartó la merluza.
Según la denuncia penal del gremio, la situación sobre las embarcaciones llegó a un punto crítico cuando los trabajadores “se negaron a seguir acatando órdenes”, que consideraron ilegales, y se generó un “motín”.
Los hechos ocurrieron en la última semana de enero, cuando la tripulación se negó a seguir encajonando calamar y tirando merluza al agua luego de dos días de pesca en alta mar.
Uno de los barcos operaba frente a las costas de Chubut y otro frente a las costas de Santa Cruz y según el sitio especializado “Pescare”, en base a testimonios de la tripulación del “Nddanddu” se cree que durante los primeros días de pesca se tiraron al agua unos mil cajones de merluza (casi 25.000 kilos) y solo se encajonaron unos 80 de calamar.
Si bien la merluza es el más tradicional de los peces en la mesa cotidiana, según las dos primeras descargas en muelle de este 2026, los precios se ubicaron con un techo en $900 por kilo. Mientras tanto el calamar, se cotiza en boca de bodega e entre $3.300 y $3.400 por kilo, un 370% más.
Para el SOMU, “los trabajadores fueron forzados a cumplir órdenes ilegales (..), situación que expone injustamente a las tripulaciones a responsabilidades que no les corresponden”.
Descarte cero
La monumental cantidad de merluza que se arroja al mar, con toda su carga de proteínas, “es pluricausal, y va desde la propia conducta de los pescadores hasta las demandas de mercado, las características técnicas del arte de pesca, la estructura del stock pesquero, la especie que está pescando, y el tamaño”, sostuvo el investigador consultado.
Agregó que “el enfoque para su mitigación o resolución, debiera ser también pluridimensional”, y recordó que en Europa se encuentra vigente la “Obligación de Desembarque” o Descarte Cero, que obliga a traer a puerto todo lo que se captura en alta mar. La norma fue introducida progresivamente desde 2015, entró plenamente en vigor en enero de 2019 para que todas las pesquerías se adaptaran para evitar el descarte innecesario.
Esta legislación aplica a todas las capturas, pero su implementación ha sido gradual para permitir adaptaciones técnicas, especialmente para evitar capturas accidentales de juveniles o especies sin cuota.
“Acá se ha hablado mucho de eso, pero yo veo que no hay ni voluntad política ni voluntad humana en general, y no solo me refiero a los políticos, sino más que nada los pescadores, los capitanes de pesca, y a los empresarios”, sostuvo el especialista al ser consultado sobre la aplicación de una normativa similar en las costas argentina.
Por lo pronto, los barcos se hacen a la mar sin llevar ni siquiera un sistema de cámaras que permitan un monitoreo de las actividades en cubierta. Y a pesar que en las regulaciones vigentes existe la figura del inspector embarcado, por decisiones administrativas no se los designa. Los motivos se ocultan debajo de una oleada de rumores que circulan en las banquinas de los puertos. Todos referidos a prácticas cuestionables.
Fuente: Redacción +P
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