Propuesta disruptiva en Santa Cruz: muralla de 400 km para controlar la población de guanacos
¿Puede una barrera de 400 km salvar al campo? Cuáles son las claves del proyecto que busca equilibrar la convivencia con el guanaco, restaurar el pastizal y atraer inversiones.
El nordeste de Santa Cruz enfrenta hoy un desafío existencial que combina la crisis climática, la degradación del suelo, la produccion ovina introducida y una explosión demográfica de fauna silvestre (como el guanaco). Ante este escenario, surgen propuestas polémicas y otras, disruptivas .
Una de estas últimas fue presentada por el productor Sebastián Apesteguía en el marco de la Exposición Rural de Puerto Deseado. Es el “Modelo Integral de Ganadería Ovina Sustentable”, un proyecto técnico de gestión macro-ecosistémica que busca transformar la realidad productiva del corredor de la ruta nacional 3. El eje central de esta iniciativa radica en la construcción de una imponente barrera física de dos metros de altura efectiva que se extenderá entre 315 y 400 kilómetros lineales entre la mencionada ruta y el mar.
Tal como detalló Apesteguía en declaraciones a La Nación, esta infraestructura delimitará un clúster productivo de 2.260.000 hectáreas, superficie que integra a un centenar de establecimientos ganaderos. La elección de la altura no resulta azarosa: técnicamente se establece el estándar de 2 metros como un requisito innegociable, dado que el guanaco posee la capacidad de saltar obstáculos de hasta 1,60 metros con facilidad.
Para garantizar la sostenibilidad del proyecto, la obra prevé una vida útil de 50 años y empleará materiales provenientes de la economía circular, tales como el tubing petrolero recuperado.
Equilibrio ecosistémico y conectividad biológica
El proyecto no busca el aislamiento total de la fauna, sino un manejo inteligente de las cargas animales. El objetivo principal define que la población de guanacos dentro del área productiva no debe superar el 10% de la receptividad del suelo.
Aquel excedente se destinará al aprovechamiento comercial de carne y fibra, actividades que ya cuentan con antecedentes en la provincia a través del Plan de Manejo del Guanaco, el cual cerró el año 2025 con un récord de 10.294 ejemplares aprovechados.
Para evitar la fragmentación absoluta del hábitat, el diseño incorpora eco-ductos o compuertas de conectividad biológica cada 5 o 10 kilómetros. Estos dispositivos permitirán un paso controlado y estratégico de los animales, lo cual garantiza el flujo genético de las especies silvestres sin comprometer la salud del pastizal.
La transición hacia este modelo de ganadería regenerativa facilitará que los productores obtengan certificaciones internacionales como wildlife friendly y acrediten una huella de carbono negativa.
Financiamiento cruzado y bonos de carbono
La inversión necesaria para esta obra monumental requiere un esquema de financiamiento cruzado. La estructura de capital proyectada comprende un 50% de inversión privada, un 30% de aporte estatal y un 20% proveniente de créditos blandos.
Un componente innovador es el insetting regional, un mecanismo donde las empresas mineras e hidrocarburíferas locales adquieren Bonos Santacruceños de Carbono.
De acuerdo a lo expuesto por Apesteguía, este sistema permite que la industria extractiva compense su huella ambiental mediante la inversión en la recuperación del suelo patagónico, en lugar de comprar créditos en mercados internacionales. Los productores, por su parte, amortizarán la inversión inicial mediante pagos a valor producto, ya sea en kilos de lana, carne o créditos de carbono, lo que asegura la viabilidad financiera a largo plazo.
La urgencia de un cambio de paradigma
La necesidad de esta barrera surge de un diagnóstico alarmante: la población de guanacos en Santa Cruz alcanza aproximadamente los 3 millones de ejemplares, superando a los 2,3 millones de ovinos. Mientras que el stock ovino sufrió una caída del 32% en las últimas dos décadas, la presión sobre los forrajes escasos se intensificó debido a que los inviernos actuales resultan menos severos, lo que reduce la mortalidad natural de la especie nativa y la disponibilidad del recurso agua.
Por otro lado, algunos productores de ovinos advierten que las medidas actuales de faena resultan insuficientes para contener el avance de la desertificación. Por ello, este proyecto de mas de 300 kilómetros representa no solo una defensa física, sino la base tecnológica para certificar procesos y recuperar la rentabilidad de un sector clave para la economia de la provincia.
Fuente: La Nación con aportes de Redacción +P
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