El consumo de vino argentino, en picada: perforó el piso de 16 lts per cápita
El consumo de vino en Argentina cayó a 15,77 litros per cápita en 2025: mínimo histórico que acelera la crisis del sector.
Argentina, uno de los grandes productores vitivinícolas del mundo, enfrenta una paradoja que inquieta a bodegueros, viticultores y economistas por igual: los argentinos beben cada vez menos vino.
Cuando recién está cerrando la vendimia de este año, siguen conociéndose datos de 2025 que alarman. De hecho, probablemente quede marcado en la historia del sector como el momento en que el consumo per cápita perforó por primera vez la barrera de los 16 litros, al registrar 15,77 litros por habitante según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
La cifra no es sólo un número: es el reflejo de una tendencia estructural que lleva dos décadas acumulando presión sobre toda la cadena de valor.
De 29 a menos de 16: la caída libre en 2 décadas
El contraste con el pasado resulta elocuente. En 2005 cada argentino bebía en promedio 29,2 litros de vino al año; en 2025 esa cifra se redujo casi a la mitad. Pero la aceleración más pronunciada ocurrió en los últimos diez años: entre 2015 y 2025 el consumo total del mercado interno pasó de 10 millones de hectolitros a aproximadamente 7,2 millones, una contracción del 28% en apenas una década.
El dato, relevado por el INV, condensa el alcance de una crisis que afecta tanto a pequeños productores de zonas tradicionales como a las grandes bodegas exportadoras.
El fenómeno no responde a una causa única. Los especialistas señalan un conjunto de factores concurrentes: el avance sostenido de cervezas artesanales -que tampoco estan en su mejor momento- e industriales, el crecimiento del segmento de bebidas sin alcohol, la presión inflacionaria sobre el poder adquisitivo real de los consumidores y un cambio generacional en los hábitos de consumo que aleja progresivamente a los jóvenes de la cultura del vino de mesa. A eso se suma el impacto del ajuste económico implementado desde finales de 2023, que recortó el gasto en alimentos y bebidas de manera transversal.
El mercado interno: el talón de Aquiles del sector
El mercado interno fue históricamente el sostén del sector vitivinícola argentino. Hoy, sin embargo, funciona como su principal punto de vulnerabilidad. Las ventas totales en el mercado doméstico acumularon una caída del 2,7% en 2025 respecto al año anterior, con un único segmento en verde: los vinos varietales, que crecieron 3,4% y alcanzaron los 234,7 millones de litros, equivalentes al 31,5% del total del mercado.
El resto del portafolio —encabezado por los vinos sin mención varietal, que representan el grueso del volumen comercializado— registró descensos que en algunos segmentos superaron el 5%.
El inicio de 2026 ofrece una señal tenue de estabilización: las ventas de enero mostraron un incremento del 0,6% respecto a enero de 2025. Sin embargo, los analistas advierten que la comparación se realiza sobre una base muy deteriorada y que el repunte, de confirmarse, responde más a la corrección del piso que a una genuina recuperación de la demanda
Exportaciones en mínimos de dos décadas
La contracción del mercado interno habría podido compensarse, al menos parcialmente, con el desempeño externo. Pero las exportaciones tampoco ayudaron: en 2025 el volumen exportado fue el más bajo desde 2004, con 1,93 millones de hectolitros (una caída del 6,8% interanual), mientras que el valor FOB retrocedió un 7,2% hasta los 661 millones de dólares, el registro más bajo en dólares desde 2009.
El segmento de granel fue el más afectado, con una baja del 13,6%, en un contexto de mayor competencia de Chile, España e Italia en los mercados de volumen.
Perspectivas: ¿qué puede salvar al sector?
En este escenario adverso, la industria apuesta a tres pilares para revertir la tendencia. El primero es el posicionamiento premium: el Malbec argentino mantiene su liderazgo como cepa emblemática a nivel internacional y representa el 23,9% del total exportado.
El segundo es el enoturismo: las 250 bodegas abiertas al turismo en Mendoza conforman la red más grande de Latinoamérica y generan un flujo de visitantes que reactiva la economía regional.
El tercero es la diversificación de mercados: la campaña "The Wine for Now", impulsada por Wines of Argentina (WofA), apunta a consolidar presencia en Suecia, Suiza, Noruega, Irlanda y Brasil en el segmento premium.
El mercado vitivinícola argentino tiene resiliencia acumulada: sobrevivió crisis cambiarias, recesiones y pandemias. Pero la caída sostenida del consumo interno, combinada con exportaciones en retroceso y una vendimia 2026 que el INV estima con una producción 9% menor respecto al año anterior, configura el desafío más estructural que enfrenta el sector en décadas.
En este punto, todo parece indicar que la industria sabe que no alcanza con producir buen vino: hay que convencer a los argentinos —y al mundo— de que vuelvan a elegirlo.
Fuentes: Instituto Nacional de Vitivinicultura, Wines of Argentina, COVIAR y aportes de Redacción +P
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